Revista Semana planteó el escenario que se abre luego del triunfo de Abelardo de la Espriella en la segunda vuelta: la necesidad de construir gobernabilidad en un Congreso con fuerzas políticas diversas. La nota describe cómo el presidente electo deberá empezar a pensar en las relaciones políticas con el Legislativo para sacar adelante sus reformas.
En cualquier sistema presidencial, el resultado de las urnas el día anterior define apenas la mitad del camino. La otra mitad se juega en la capacidad del Ejecutivo de dialogar con bancadas que responden a intereses regionales, partidos tradicionales y movimientos independientes. El nuevo gobierno llega a esa etapa con el mandato fresco de las elecciones, pero sin votos automáticos en las comisiones.
La gobernabilidad, en la práctica, se mide en proyectos que llegan a sanción y en los que quedan archivados. Para un presidente que llega con agenda propia, el primer movimiento suele ser la instalación de canales formales con los voceros de cada bancada. Eso incluye reuniones con los presidentes de las comisiones constitucionales, que son donde arrancan los debates de fondo.
La nota de Revista Semana pone el foco en las relaciones con el Congreso como variable crítica. No basta con haber ganado la elección presidencial. Las reformas tributarias, laborales, a la salud o de orden público requieren mayorías que solo se logran con negociación, y en muchos casos con cesiones. Esa es la matemática que cualquier nuevo gobierno aprende en sus primeros cien días.
Para la ciudadanía, el efecto es directo. Las leyes que aprueban o rechazan los congresistas terminan tocando el bolsillo, la salud, la educación y la seguridad. Cuando un gobierno negocia bien, las reformas se tramitan con plazos previsibles. Cuando negocia mal, se atascan, se diluyen o se aprueban a destiempo, con efectos sobre programas que dependen de esas normas para financiarse.
En el caso colombiano, la fragmentación del Legislativo ha sido la norma en las últimas décadas. Ningún presidente ha contado con mayorías propias suficientes en Senado y Cámara. Esa es la razón por la que cada mandato entrante dedica buena parte de su energía a la construcción de coaliciones, a veces formales y a veces implícitas, que respaldan los proyectos del Ejecutivo.
El reportaje de Revista Semana no anticipa acuerdos concretos, pero sí sitúa la gobernabilidad como el primer examen del nuevo gobierno. La expectativa razonable es que las primeras reuniones entre el equipo entrante y los voceros de las bancadas se den antes de la posesión, para que la agenda legislativa arranque sin tropiezos.
Lo que queda pendiente es el detalle de esa correlación de fuerzas. Cuántos senadores y representantes respaldan al nuevo gobierno, cuántos actúan como oposición constructiva y cuántos como bloque de contención. Ese mapa, que Semana empieza a delinear, será la brújula que determine qué tan rápido caminan las reformas prometidas en campaña.
