El presidente Abelardo de la Espriella confirmó que Colombia abrirá su embajada en Jerusalén, según reportó la Revista Semana. La decisión sigue los pasos dados por Estados Unidos durante el gobierno de Donald Trump y replica un movimiento que, hasta ahora, solo un puñado de países ha concretado en el mundo.
Con el anuncio, el gobierno colombiano se suma a la lista reducida de naciones que reconocen a Jerusalén como sede de su representación diplomática en Israel. La mayoría de los países mantiene sus embajadas en Tel Aviv, en línea con la postura tradicional de la comunidad internacional sobre el estatus de la ciudad, que es uno de los puntos más sensibles del conflicto palestino-israelí.
El traslado de la embajada es uno de los ejes de la nueva política exterior del gobierno de De La Espriella frente a Israel. La Revista Semana señaló que el presidente también adelantó que recompondrá las relaciones bilaterales con el Estado israelí, en un giro respecto al vínculo que Colombia mantuvo en años recientes, cuando el país había suspendido algunos canales diplomáticos con Jerusalén.
La decisión tiene un peso simbólico alto. Jerusalén es considerada una ciudad sagrada por judíos, cristianos y musulmanes, y su estatus final es una de las cuestiones pendientes en el proceso de paz entre Israel y Palestina. Por eso, el reconocimiento diplomático mediante una embajada suele interpretarse como un respaldo a la soberanía israelí sobre la totalidad de la ciudad, algo que la Organización de las Naciones Unidas no respalda de forma unánime.
Para la ciudadanía colombiana, el cambio puede tener efectos prácticos en servicios consulares, cooperación bilateral y comercio. Las embajadas en Jerusalén suelen concentrar funciones políticas, mientras que las oficinas consulares en Tel Aviv siguen atendiendo trámites para los colombianos que viven o viajan a Israel. Aún no se ha precisado cómo quedará esa distribución una vez se concrete el traslado.
En el plano regional, la medida se aparta de la posición que han mantenido la mayoría de los países de América Latina, que conservan sus sedes diplomáticas en Tel Aviv. Solo unos pocos, como Estados Unidos y Guatemala, han dado el paso de instalar embajada en Jerusalén, por lo que Colombia se sumaría a un club diplomático muy reducido.
La Revista Semana también reportó que el gobierno busca recomponer la relación con Israel luego de un periodo de tensiones diplomáticas. El nuevo enfoque incluiría, además del traslado de la embajada, una agenda de cooperación en áreas como tecnología, agricultura y seguridad, sectores en los que Israel tiene una oferta amplia de cooperación internacional.
Entre los temas pendientes quedan varios puntos por definir: la fecha exacta de apertura de la sede en Jerusalén, el edificio que ocupará, el personal diplomático asignado y la situación de los actuales consulados. También está por verse cómo reaccionarán los países árabes y los aliados históricos de la causa palestina, que suelen considerar este tipo de movimientos como una ruptura del consenso internacional sobre el estatus de la ciudad.
El anuncio llega en un momento en que Oriente Medio atraviesa una nueva oleada de violencia y en el que varios gobiernos buscan relanzar los canales diplomáticos. Para el gobierno de De La Espriella, la apertura de la embajada se presenta como un gesto político de alineamiento con Israel, mientras que para sus críticos podría convertirse en un punto de fricción con los países que defienden un Estado palestino con Jerusalén Oriental como capital.
