Abelardo de la Espriella, presidente electo de Colombia, confirmó la suspensión del empalme que su equipo venía adelantado con el Gobierno de Gustavo Petro. El motivo, según sus propias palabras recogidas por EL PAÍS, es que no puede sentarse con quienes califica de golpistas y corruptos.
La declaración se inscribe en una de las crisis de transición más agudas de los últimos años en Colombia. El empalme es el mecanismo institucional mediante el cual el equipo entrante recibe información sobre el estado de las entidades, los proyectos en curso y los compromisos presupuestales pendientes.
De la Espriella acusó a la administración Petro de intentar un golpe de Estado. La frase exacta, registrada por EL PAÍS, fue que no podemos estar sentados a la mesa con una banda de golpistas y corruptos. Con esa expresión descartó cualquier posibilidad de retomar la mesa de trabajo mientras no cambie la situación.
El empalme entre gobierno saliente y entrante es una práctica habitual en Colombia. No está regulado por una ley única, pero distintas directivas de la Presidencia y de Planeación Nacional han establecido protocolos para garantizar la continuidad del Estado. La suspensión unilateral interrumpe ese flujo de información en momentos en que quedan decisiones urgentes por cerrar.
La ruptura tiene efectos prácticos inmediatos. Sectores como defensa, seguridad, finanzas públicas y relaciones exteriores dependen de carpetas técnicas que se entregan durante el empalme. Sin ese proceso, el nuevo gobierno podría asumir el 7 de agosto con vacíos de información sobre contratos vigentes, operaciones en curso y compromisos internacionales.
Desde lo político, la decisión eleva la tensión entre el Ejecutivo saliente y el entrante. El presidente Gustavo Petro no ha respondido, según el extracto de la fuente, a las acusaciones de su sucesor. La confrontación verbal se suma a los choques que han marcado la campaña y el periodo de transición.
La declaración de De la Espriella se conoce cuando faltan pocos días para la posesión presidencial. Esa cercanía con la fecha de cambio de mando hace que el empalme cobre mayor urgencia, pues las decisiones que se adopten en estos días condicionan los primeros meses del nuevo gobierno.
Analistas consultados en otras coyunturas similares han señalado que la suspensión del empalme puede derivar en litigios administrativos, sobre todo si hay recursos públicos involucrados en proyectos que requieran continuidad. También puede activar mecanismos de la Procuraduría o la Contraloría si se detectan irregularidades en la transición.
Queda por verse si la decisión es definitiva o si las partes retoman el diálogo. Por ahora, la postura pública del presidente electo es tajante: no habrá mesa con el Gobierno actual mientras se mantenga lo que él denomina un intento de golpe de Estado.
La crisis de empalme se suma a la lista de temas que marcan la recta final de la administración Petro y el inicio de la era de De la Espriella. El desenlace de esta disputa marcará el tono del primer tramo del nuevo gobierno.
