De la Espriella informó que su gobierno pondrá en marcha un banco nacional de talentos alimentado con inteligencia artificial, una herramienta que, según dijo, servirá para escoger a los altos funcionarios con base en capacidades comprobadas y no por vínculos políticos. El anuncio fue recogido por el medio Pulzo.
De forma paralela, el presidente electo confirmó la eliminación de algunas consejerías que harán parte de la Casa de Nariño. Aunque el medio no detalla cuáles dependencias desaparecen, la decisión apunta a reducir la estructura de cargos de confianza cercana al jefe de Estado durante su mandato.
Colombia usa desde hace décadas el mérito como criterio para ingresar a la mayoría de entidades del Estado, a través de la Comisión Nacional del Servicio Civil y de procesos de selección que regulan la carrera administrativa. Una plataforma nacional de IA que centralice hojas de vida y evalúe perfiles sería una figura distinta, más cercana a un Registro Público de Aspirantes y a los modelos de headhunting estatal que aplican otros países.
El modelo de meritocracia con apoyo tecnológico no es nuevo en el debate público. Gobiernos de distintas latitudes han explorado algoritmos y filtros automatizados para descartar sesgos en los nombramientos, aunque también han surgido críticas sobre la transparencia de esos sistemas, la calidad de los datos y el riesgo de que la herramienta herede patrones de discriminación presentes en la información con la que se entrena.
Para los ciudadanos, la promesa central es directa: que un alto cargo deje de depender del amiguismo o el clientelismo y pase a responder a un perfil profesional verificable. En un país con extendidas redes de nombramientos discrecionales en ministerios, agencias y superintendencias, el impacto potencial es amplio: cada ministerio, cada entidad descentralizada y cada dirección técnica tiene cupos que el Ejecutivo llena con libre designación.
El anuncio también tiene lectura política. Quitar consejerías reduce el número de asistentes del presidente, una decisión que suele asociarse a gobiernos que buscan marcar distancia con la politización del entorno presidencial. Para los partidos, implica menos cuotas disponibles en el reparto burocrático que suele negociarse al inicio de cada administración.
Las preguntas operativas quedan abiertas. El medio no precisa quién administrará la plataforma, con qué base de datos se alimentará, si será obligatoria para todos los nombramientos discrecionales o solo para algunos, ni cómo se auditarán los criterios del algoritmo. Esos puntos son determinantes para que la promesa se traduzca en un proceso verificable y no quede en un repositorio formal sin dientes.
Por ahora, la propuesta se conoce como anuncio de transición, en la etapa previa a la posesión presidencial. La fecha de entrada en vigencia del banco y el decreto o ley que lo respalde son decisiones que deberán tomarse una vez De la Espriella asuma la jefatura del Estado y conforme su equipo de gobierno.
