El presidente electo Abelardo De La Espriella cerró su jornada de empalme en Bucaramanga con un mensaje directo contra los cabecillas del ELN que delinquen en los Santanderes, según reportó Hoy Diario del Magdalena. La declaración se conoce como un ultimátum público a esa guerrilla y ocurre en una de las regiones históricamente más golpeadas por el conflicto armado.
El extracto de la nota reseña que el cierre de la jornada de empalme tuvo lugar en Bucaramanga, capital de Santander, una ciudad donde la presencia del ELN y de otras estructuras armadas ha generado alertas en los últimos años por secuestros, extorsiones y ataques contra la Fuerza Pública.
Durante los encuentros del empalme, De La Espriella se reunió con autoridades locales y recibió reportes sobre la situación de orden público en el nororiente colombiano, una zona donde la guerrilla del ELN mantiene presencia histórica y donde las discusiones sobre eventualidades de violencia han sido recurrentes.
El mensaje al ELN marca la posición que el próximo gobierno quiere proyectar frente a las organizaciones armadas que delinquen en los Santanderes, una de las regiones donde la confrontación con esa guerrilla se ha mantenido pese a los intentos de diálogo que se han dado en otras partes del país.
En la práctica, un ultimátum de esta naturaleza suele traducirse en la presentación de condiciones claras por parte del gobierno entrante: la dejación de las actividades ilícitas, el respeto a la población civil y el sometimiento a la justicia, so pena de acciones directas por parte de la Fuerza Pública, según lo que suele informar este tipo de pronunciamientos públicos.
Para los habitantes de los Santanderes, el anuncio tiene implicaciones directas en su vida cotidiana, pues la presencia del ELN en zonas rurales y en corredores cercanos a centros urbanos ha afectado la movilidad, el comercio y la seguridad de comunidades que durante años han pedido una respuesta estatal más efectiva.
La declaración también se inscribe en la etapa de empalme, un proceso de transición en el que el presidente electo y su equipo reciben de las instituciones salientes los balances sobre los principales retos de cada sector, incluido el de seguridad, con miras a definir las prioridades del nuevo mandato.
Queda por verse cómo se traduce el ultimátum en decisiones concretas durante el gobierno entrante, si el mensaje se acompaña de operaciones militares, de cambios en la estrategia de seguridad o de eventuales ofertas de sometimiento a estructuras como el ELN, que es la guerrilla señalada en la nota de Hoy Diario del Magdalena.
