El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, eligió a Paola Holguín para encabezar el Ministerio de Cultura de su Gobierno, según reportó EL PAÍS. La decisión marca el primer nombramiento de alto perfil en el gabinete cultural y confirma el ingreso al equipo de Gobierno de una de las voces más visibles del sector conocido como urbismo.
Holguín fue precandidata presidencial y se convirtió en una de las figuras más radicales de ese movimiento, según describe la fuente. Su trayectoria pública se ha desarrollado en el debate político nacional, lo que la convierte en una funcionaria con perfil predominantemente electoral y de opinión, más que de gestión cultural directa.
La cartera que asumirá Holguín es el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, entidad responsable de formular y ejecutar la política cultural del Estado colombiano. Entre sus funciones están la protección del patrimonio material e inmaterial, el fomento de las artes, el respaldo a las industrias culturales y la coordinación con las demás entidades del sector.
El Ministerio cuenta con entidades adscritas como el Museo Nacional, la Biblioteca Nacional, el Archivo General de la Nación y el Instituto Caro y Cuervo. Su presupuesto y sus programas afectan a creadores, gestores culturales, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y artistas de todas las regiones.
La llegada de Holguín se conoce en un momento en el que el sector cultural colombiano atraviesa debates sobre la financiación, la descentralización de los recursos y el papel del Estado en la promoción de las artes. El nombramiento abre interrogantes sobre cuál será el énfasis que el nuevo Gobierno le imprima a esa cartera.
Según la información de EL PAÍS, Holguín asumirá el cargo el 7 de agosto, fecha en la que está prevista la posesión del nuevo Gobierno. La designación se produce en el marco de la conformación del gabinete ministerial, uno de los pasos centrales de la transición entre la administración saliente y la entrante.
El perfil ideológico de Holguín, vinculado al urbismo, sugiere que el Ministerio de Cultura operará bajo una orientación cercana a las posiciones defendidas por ese sector durante la campaña. Sectores artísticos y culturales del país suelen estar atentos a la línea política de esta cartera por su incidencia en programas, estímulos y convocatorias.
Para los ciudadanos, el cambio en el Ministerio puede traducirse en ajustes en la forma de acceder a estímulos, becas y programas culturales, así como en la relación entre el Gobierno nacional y los artistas y gestores. La reacción del sector dependerá de los primeros nombramientos al interior de la entidad y de las primeras decisiones que se adopten tras la posesión.
Queda pendiente conocer los nombres que acompañarán a Holguín en la dirección de las entidades adscritas al Ministerio y la hoja de ruta que presentará al inicio de su gestión. El inicio formal de funciones está previsto para el 7 de agosto, fecha en la que arrancará una nueva etapa en la política cultural del país.
