El primer salario que recibió Abelardo De La Espriella como presidente de la República fue destinado en su totalidad a dos hogares geriátricos del municipio de Quimbaya, en el departamento del Quindío. Así lo registró el diario El País, que reseñó la entrega como el cumplimiento de un compromiso formulado durante la campaña.
El gobernante calificó esa decisión como una promesa de carácter obligatorio y no merely discursivo. En sus propias palabras, recogidas por El País, definió el compromiso como una promesa sagrada, con lo que buscó diferenciar el acto de donación de otras acciones de carácter protocolario o simbólico propias del inicio de un mandato.
Quimbaya es uno de los doce municipios que integran el departamento del Quindío, una zona del eje cafetero colombiano con una proporción significativa de población adulta mayor. La elección de este municipio, y en particular de sus hogares geriátricos, como destinatarios de la primera asignación salarial del Presidente sitúa la atención en la atención al envejecimiento y en el papel de las instituciones de cuidado local.
Los hogares geriátricos son centros que acogen a personas mayores, en muchos casos en situación de vulnerabilidad económica o con redes familiares limitadas. En municipios intermedios del país, estas instituciones suelen depender de aportes municipales, donaciones y alianzas con el sector privado para sostener su operación diaria.
Con la entrega de su primer sueldo, De La Espriella convirtió el inicio de su gestión en un gesto de respaldo directo a esa red local de cuidado. El hecho fue difundido por el propio Gobierno y replicado por medios nacionales, entre ellos El País de Cali, lo que le dio visibilidad pública al aporte y a las dos instituciones beneficiadas.
Más allá del carácter simbólico, la donación plantea una pregunta concreta sobre el financiamiento de la atención al adulto mayor en Colombia. El país cuenta con programas de transferencias y con centros de protección social, pero la sostenibilidad de los hogares geriátricos comunitarios depende, en buena parte, de aportes puntuales como el que ahora se conoció.
La reacción en Quimbaya no fue detallada en la nota de El País, aunque la difusión del gesto abrió espacio a expresiones de reconocimiento en redes sociales y en medios regionales, que resaltaron el vínculo entre el cumplimiento de la promesa electoral y el destino concreto de los recursos.
Queda por verse si este tipo de donaciones puntuales se repetirá en los próximos meses del mandato presidencial o si el Gobierno precisará una política más amplia de apoyo a la población mayor y a los centros de cuidado. Por ahora, el primer sueldo presidencial ya tiene destinatario: dos hogares geriátricos de Quimbaya.
