Abelardo de la Espriella se convirtió en presidente de Colombia y, en su primera intervención pública como jefe de Estado, delineó los ejes económicos de su gobierno. La reforma tributaria, el combate a la evasión y el impulso a la inversión y al empleo fueron los anuncios centrales, según reportó Telemundo Miami (51).
Entre las decisiones concretas, el nuevo mandatario confirmó que Eliminará el impuesto al patrimonio, un gravamen que en Colombia se aplica de forma periódica sobre los patrimonios líquidos superiores a determinada Umbral y que ha sido objeto de debate en los últimos años por su carácter temporal y su efecto sobre los sectores de mayores ingresos.
El anuncio se enmarca en una línea de discurso que prioriza la inversión, la producción y el empleo como ejes de la política económica. Al plantear el combate a la evasión como contrapartida, el gobierno entrante enuncia una estrategia de dos vías: reducción de cargas para el capital y ampliación de la base de recaudo voluntario.
Para los contribuyentes de patrimonio, el anuncio tiene efecto inmediato en la planeación fiscal, pues estos deberán revisar sus obligaciones tributarias a la luz de la promesa presidencial. Sectores empresariales y patrimoniales suelen reaccionar a este tipo de señales, dado que el impuesto al patrimonio incide en decisiones de inversión y de localización de activos.
En materia institucional, la puesta en marcha de cualquier reforma tributaria en Colombia requiere el trámite de un proyecto de ley ante el Congreso, donde debe surtir debates en las comisiones económicas y en las plenarias de Cámara y Representantes y Senado. Hasta ahora, el contenido del articulado no ha sido detallado por el gobierno.
La lucha contra la evasión fiscal es una tarea que comparten la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) y el Ministerio de Hacienda. El país arrastra niveles de evasión que distintos estudios han ubicado en rangos altos, sobre todo en el impuesto sobre la renta y en el IVA, motivo por el cual esta línea de acción suele tener amplio respaldo técnico.
El reto para el nuevo gobierno será traducir los anuncios del discurso en un proyecto concreto, con metas de recaudo, principios tributarios y cronograma de transición. La forma como se compensen los ingresos que dejaría de percibir el fisco por la eliminación del impuesto al patrimonio será uno de los puntos sensibles del debate.
En el plano político, la reforma llega a un Congreso donde el gobierno necesitará construir mayorías. Movimientos empresariales, centrales obreras, academia y partidos políticos han sido tradicionalmente voceros de posiciones distintas frente al equilibrio entre presión tributaria y competitividad, por lo que el texto definitivo será objeto de discusión pública en las próximas semanas.
Por ahora, el primer mensaje del presidente traza un rumbo: menos carga directa sobre el patrimonio, más énfasis en el cumplimiento voluntario y una promesa de dinamizar la inversión y el empleo. Queda pendiente conocer los detalles del proyecto y la respuesta de los distintos sectores a la propuesta.
