A pocos días de su posesión, el presidente electo Abelardo de la Espriella lanzó un mensaje directo en el que sostuvo que no se dejará distraer por lo que calificó como “infamias y ataques” en su contra. Según la Revista Semana, el anuncio se produjo en un momento en el que crecen las voces que cuestionan su figura antes de que asuma formalmente el cargo.
De la Espriella fue claro al señalar que su prioridad será gobernar y que no dedicará tiempo a responder controversias políticas ni lo que considera noticias falsas. Con esa postura, fijó una línea de comportamiento para los primeros compases de su administración: enfocar la gestión en los asuntos del Estado y dejar en segundo plano las disputas mediáticas.
La declaración se da en un contexto preelectoral sensible. En Colombia, el periodo entre la elección y la posesión suele estar marcado por el trámite de empalques, la revisión de carpetas ministeriales y la presión de sectores que buscan incidencia en el nuevo gobierno. En ese intervalo, cualquier pronunciamiento del presidente electo adquiere peso porque marca el tono del mandato que empieza.
Para los ciudadanos, el mensaje tiene una lectura práctica. Si la promesa se cumple, los debates públicos del nuevo gobierno girarán en torno a decisiones de política pública y no a réplicas en redes sociales o declaraciones cruzadas. Eso puede traducirse en más tiempo dedicado a temas como economía, seguridad y servicios públicos, que son los asuntos que más pesan en la vida cotidiana.
Desde el punto de vista institucional, el anuncio también señala un estilo de relación con la prensa y con la oposición. Al anticipar que no responderá controversias, De La Espriella envía una señal a los medios de comunicación y a sus contradictores: esperen menos confrontación pública y más acciones de gobierno. Para los periodistas, eso implica un reto adicional, porque la verificación y la denuncia dependerán más de los propios medios y menos de la reacción presidencial.
La oposición política, en tanto, queda ante un dilema. Si el presidente no responde, las críticas pueden perder eco si no encuentran un canal oficial que las confirme o las desmienta. Pero también pueden servir como mecanismo de fiscalización si otros actores, como el Congreso, la Fiscalía o los organismos de control, recogen los cuestionamientos y los tramitan por las vías institucionales.
En el plano internacional, la postura puede tener un efecto sobre la imagen del país. Gobiernos extranjeros, inversionistas y organismos multilaterales suelen observar el tono del primer discurso de un nuevo mandatario para anticipar el estilo de la relación bilateral. Un gobierno que se presenta enfocado en la gestión, sin disputas internas visibles, transmite una señal de estabilidad que puede ser leída como favorable en los mercados.
Quedan varias preguntas abiertas. La principal es si la promesa de no responder ataques se sostendrá cuando se trate de temas sensibles, como denuncias de corrupción, crisis de seguridad o emergencias económicas. También está por verse cómo manejará De La Espriella las conferencias de prensa, los debates en el Congreso y la presión de los medios digitales, donde los ciclos de noticias falsas se mueven con rapidez.
Por ahora, el mensaje deja una fotografía clara del arranque: un presidente electo que pide que se le mida por lo que haga en el cargo y no por lo que se diga de él antes de posesionarse. Esa es la vara que él mismo se puso y que los colombianos pourront verificar desde el primer día de gobierno.
