El presidente Abelardo de la Espriella oficializó el cambio de mando en las Fuerzas Militares y la Policía Nacional durante una ceremonia que marca el inicio formal de la nueva cúpula de seguridad del Estado. El acto deja legalmente instalada la estructura de mando que dirigirá la estrategia de defensa y convivencia en el país durante el nuevo gobierno, según reportó El País.
La Fuerza Pública, integrada por las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, concentra las responsabilidades de defensa de la soberanía, lucha contra el crimen organizado, protección de la población civil y mantenimiento del orden público. La designación de sus comandantes es una de las primeras decisiones de fondo que adopta un presidente al iniciar su mandato, porque de ese mando depende la ejecución diaria de la política de seguridad en todo el territorio nacional.
Con la posesión, los nuevos comandantes asumen la conducción operativa de cerca de medio millón de hombres y mujeres que patrullan calles, resguardan fronteras, combaten grupos armados ilegales y atienden emergencias en regiones afectadas por la violencia, el narcotráfico y la presencia de organizaciones criminales. Las Fuerzas Militares están conformadas por el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, mientras la Policía Nacional cumple funciones de vigilancia urbana y rural en coordinación con las autoridades locales.
La ceremonia se realiza en un contexto en el que la seguridad sigue siendo una de las principales preocupaciones de los ciudadanos, de acuerdo con las encuestas nacionales de opinión que miden año tras año la percepción de orden y convivencia. Temas como la extorsión, el hurto, los homicidios en zonas rurales, los cultivos ilícitos y la situación en regiones como el Catatumbo, el Cauca, el Chocó y el sur de Bolívar suelen ocupar los primeros lugares de la agenda pública en materia de orden público.
Desde el plano institucional, la nueva cúpula de la Fuerza Pública llega con el encargo de ejecutar la política de defensa y seguridad que defina el gobierno de Abelardo de la Espriella. Esa política suele traducirse en el Plan Nacional de Seguridad y en los lineamientos que el Ministerio de Defensa y el Ministerio del Interior imparten a los comandantes generales, de acuerdo con la Constitución y la ley.
El cambio de mando también tiene implicaciones para los procesos disciplinarios y de transparencia al interior de las Fuerzas Armadas y la Policía. Investigaciones por presuntas violaciones a los derechos humanos, casos de corrupción administrativa y denuncias ciudadanas sobre abuso de autoridad suelen escalar o reorientarse según la disposición de los nuevos comandantes. La llegada de una cúpula distinta suele implicar giros en la priorización de investigaciones internas y en la relación con la Fiscalía y la Jurisdicción Especial para la Paz.
Las reacciones al acto protocolario aún están en proceso de despliegue. Sectores políticos, gremios, organizaciones de derechos humanos y voceros de la fuerza pública suelen fijar posición pública en los días posteriores a la posesión de los altos mandos, sobre todo cuando los perfiles designados tienen trayectoria en operaciones de seguridad urbana, en comandos conjuntos o en misiones internacionales de paz.
Lo que sigue ahora es la evaluación de los primeros meses de gestión de los nuevos comandantes. La ciudadanía estará pendiente de indicadores como la reducción de delitos de alto impacto, los resultados contra el crimen organizado, la protección de líderes sociales y excombatientes, y la respuesta ante las emergencias derivadas del conflicto armado y la violencia en las regiones. La cobertura periodística de El País seguirá registrando los avances y tropiezos de esa nueva estructura de mando.
La formalización del mando cierra una etapa de transición y abre otra de ejecución. A partir de este momento, la Fuerza Pública queda legalmente habilitada para actuar bajo la dirección del presidente de la República, quien es el comandante supremo de las Fuerzas Armadas según la Constitución, y bajo el mando operativo de los generales y oficiales recién posesionados.
