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NeutralSeguridadAbelardo26 de agosto de 2026

De La Espriella da primeras directrices a la cúpula militar: las disidencias serán tratadas como terroristas

El presidente Abelardo De La Espriella entregó sus primeras instrucciones a la nueva cúpula militar y de Policía. La orden es enfrentar a las disidencias de las FARC como grupos terroristas y descartar cualquier espacio de diálogo con esas estructuras.

De La Espriella da primeras directrices a la cúpula militar: las disidencias serán tratadas como terroristas

Imagen: Revista Semana

Neutral¿Por qué esta calificación?

El presidente Abelardo De La Espriella, en ejercicio desde el 7 de agosto de 2026, giró directrices a la nueva cúpula militar para enfrentar a las disidencias bajo la categoría de “terroristas” y descartó diálogos. El extracto no presenta resultados verificables ni operativos concretos más allá del cambio de cúpula y el lineamiento verbal.

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Confianza del análisisBaja · 31%
Acción del gobiernoMedida oficial
Impacto por dimensión
Seguridad0

“El mandatario dio las primeras directrices para recuperar la seguridad del país.”

Seguridad-1.6

“ordenó a la nueva cúpula militar enfrentar como “terroristas” a las disidencias: “No hay diálogos””

Transparencia e institucionalidad+1.6

“ordenó a la nueva cúpula militar”

Objeciones de la revisión independiente
  • La dimensión 'transparencia_institucionalidad' con dirección +1.6 y evidencia 'ordenó a la nueva cúpula militar' no está anclada: el hecho describe una orden militar contra disidencias, no un avance en transparencia o institucionalidad. Atribuir +1.6 a esa dimensión es sesgo favorable injustificado.
  • La dirección 0.0 en la primera dimensión de seguridad es incoherente: si el extracto indica 'primeras directrices para recuperar la seguridad', al menos cabe un leve_positivo, pero el resto del hecho (ordenar trato de 'terroristas', descartar diálogo) es una señal ambigua que no equivale a impacto cero. La evidencia citada no sostiene el 0.0.
  • La magnitud -1.6 en seguridad por ordenar enfrentar como 'terroristas' y descartar diálogo es excesiva para un acto declarativo sin resultados verificables; el propio resumen_neutral reconoce que no hay 'resultados verificables ni operativos concretos'. Podría justificarse un negativo leve, pero no -1.6.
  • Dos dimensiones con la misma clave 'seguridad' generan inconsistencia en el esquema; deberían consolidarse.

Calificación automática por impacto verificable, no por afinidad política. Cómo calificamos →

El presidente Abelardo De La Espriella reunió a la nueva cúpula militar y de Policía para fijar el rumbo de la política de seguridad. Según la revista Semana, la directriz central es que las disidencias de las FARC sean tratadas como grupos terroristas, sin contemplar escenarios de diálogo con esas estructuras.

La instrucción se conoce como las primeras directrices oficiales del nuevo gobierno en materia de orden público. El mensaje transmitido fue directo: no habrá espacio para diálogos con esos grupos armados, una posición que contrasta con los acercamientos que gobiernos anteriores sostuvieron con distintos frentes disidentes.

Las Fuerzas Militares y la Policía designadas en el nuevo mando tendrán como tarea central ejecutar operaciones contra las estructuras que se apartaron del Acuerdo de Paz de 2016. La orden presidencial busca que la fuerza pública actúe bajo un mismo criterio frente a esos grupos, sin diferenciar entre facciones que se sumaron al proceso y las que nunca lo hicieron.

El tratamiento como "terroristas" tiene implicaciones jurídicas y operativas. En Colombia, esa calificación suele habilitar el uso de herramientas especiales de investigación, captura y judicialización, y refuerza la cooperación internacional en inteligencia y financiación. También modifica la lectura política sobre cualquier intento futuro de negociación.

La decisión llega en un contexto de violencia persistente en regiones como Cauca, Catatumbo, Putumayo y Arauca, donde distintos frentes disidentes mantienen el control de economías ilícitas y disputan territorio con el Estado. La nueva cúpula deberá evaluar cómo se reasignan tropas, recursos y operaciones para cumplir la directriz sin descuidar otros focos de inseguridad.

Sectores políticos y sociales suelen reaccionar de manera distinta ante este tipo de anuncios. Mientras defensores de la línea dura celebran el rechazo al diálogo, organizaciones de víctimas y voceros de derechos humanos piden claridad sobre los protocolos de uso de la fuerza y las garantías para la población civil en las zonas de influencia de esas estructuras.

Desde el gobierno también se anticipó que se trazarán metas medibles en reducción de atentados, secuestro, extorsión y control territorial. Los primeros cien días serán clave para evaluar si las órdenes se traducen en resultados visibles o si chocan con las capacidades logísticas actuales de las Fuerzas Armadas.

Por ahora, el mensaje central es político y operativo al mismo tiempo. Colombia amanece con una postura presidencial clara: las disidencias, para este gobierno, son grupos terroristas y la vía es la confrontación militar directa, según reportó Revista Semana.

Preguntas frecuentes

¿Qué ordenó exactamente el presidente Abelardo De La Espriella?

Según Revista Semana, el presidente ordenó a la nueva cúpula militar y de Policía tratar a las disidencias de las FARC como grupos terroristas y no contemplar diálogos con esas estructuras.

¿A qué grupos disidentes se refiere la orden?

La directriz apunta a las disidencias de las FARC, es decir, las estructuras armadas que no se acogieron al Acuerdo de Paz de 2016 o que posteriormente se apartaron del proceso de reincorporación.

¿Qué implicaciones tiene calificarlos como terroristas?

Esa denominación habilita herramientas especiales de investigación, judicialización y cooperación internacional, y condiciona cualquier posibilidad de negociación o acercamiento político con esas organizaciones.

¿Qué reacciones ha generado la orden?

Aunque la fuente no detalla reacciones, este tipo de anuncios suele ser respaldado por sectores que piden mano firme y observado con cautela por organizaciones de derechos humanos y víctimas, que piden claridad sobre los protocolos y la protección a la población civil.

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