Según reportó La Jornada, el presidente Abelardo de la Espriella manifestó su previsión de abrir una embajada de Colombia en Jerusalén como paso para reanudar las relaciones diplomáticas con Israel. El anuncio sitúa a Colombia dentro de un grupo de países que han mantenido o restablecido presencia diplomática en esa ciudad, cuyo estatus jurídico es objeto de disputa internacional.
Jerusalén es considerada una ciudad sagrada por el judaísmo, el cristianismo y el islam. Desde la fundación del Estado de Israel en 1948, su capitalidad ha sido disputada entre israelíes y palestinos, quienes reclaman el sector oriental como capital de un eventual Estado palestino. La comunidad internacional, en su mayoría, no reconoce la soberanía israelí sobre toda la ciudad y suele diferenciar entre Jerusalén oriental y occidental en sus posiciones diplomáticas.
Colombia e Israel mantuvieron relaciones diplomáticas durante décadas. Sin embargo, el gobierno de Gustavo Petro rompió esos lazos en mayo de 2024, poco después de las operaciones militares israelíes en la Franja de Gaza tras los ataques del 7 de octubre de 2023. La ruptura respondió a la posición del entonces presidente frente al conflicto y a su crítica a las acciones militares en Gaza, lo que dejó sin embajador en funciones a Colombia en Tel Aviv.
Con la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia, el enfoque exterior colombiano comenzó a modificarse. El nuevo gobierno ha expresado su voluntad de normalizar los vínculos con Israel y de buscar un papel más activo en la región. La apertura de una embajada en Jerusalén se inscribe en esa línea, aunque la decisión implica retos políticos y diplomáticos tanto en el ámbito bilateral como en el multilateral.
Varios países, entre ellos Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump en 2018, trasladaron su embajada a Jerusalén. Otros, como Guatemala y Honduras, han mantenido sedes diplomáticas allí. En cambio, la mayoría de los Estados latinoamericanos y europeos mantienen sus embajadas en Tel Aviv y sus consulados en Jerusalén como representación, no como embajada formal, en atención a las resoluciones de Naciones Unidas que consideran el estatus de la ciudad pendiente de negociación.
Para la ciudadanía colombiana, el anuncio tiene implicaciones directas en materia consular. Los colombianos que residen o transitan por Israel suelen tramitar documentos y asistencia a través de la embajada en Tel Aviv. Un eventual traslado a Jerusalén podría modificar la logística de esos servicios, aunque por ahora el gobierno no ha precisado si la nueva sede reemplazará por completo a la anterior o funcionará de manera paralela.
En el frente interno, la decisión también despierta reacciones políticas. Sectores cercanos al gobierno saliente han cuestionado en el pasado cualquier reconocimiento de Jerusalén como capital israelí, en línea con la postura palestina. Por su parte, organizaciones de la comunidad judeo-colombiana y sectores del ámbito empresarial han saludado la posibilidad de un relanzamiento de las relaciones, al considerar a Israel un socio comercial y tecnológico relevante.
Quedan varias preguntas abiertas. El gobierno no ha detallado aún la fecha de apertura de la nueva sede, ni ha precisado si la embajada funcionará como única representación o se sumará a una oficina consular en otra ciudad. Tampoco se conoce si el proceso requerirá aprobación del Congreso, dado que la Constitución colombiana establece que el presidente dirige las relaciones internacionales, pero ciertos compromisos pueden pasar por el Legislativo.
En el plano regional, el anuncio se produce en un contexto de tensiones en Oriente Medio y de debates sobre la solución de dos Estados. La Cancillería colombiana no ha emitido, hasta el momento de publicación de la nota en La Jornada, un comunicado oficial con los detalles técnicos de la medida, por lo que el alcance concreto de la decisión se conocerá en los próximos días.
