El presidente Abelardo De La Espriella se subió al metro de Bogotá y desde allí lanzó una declaración que rápidamente se instaló en el debate público. Frente a las cámaras y según reportó la Revista Semana, calificó como “miserable” que un gobernante decida detener una obra de esa magnitud.
El recorrido se produce en un momento en el que la primera línea del metro de la capital avanza hacia su fase final de construcción, un proyecto que ha sorteado múltiples tropiezos desde su concepción hace más de una década y que busca conectar el suroriente con el centro ampliado de la ciudad.
Durante la visita, el mandatario también dirigió sus críticas al gobierno anterior. Lo describió como un “régimen social-comunista”, una expresión que retomó la retórica que ha marcado parte de su discurso desde la campaña y que reavivó el choque verbal entre las actuales y las pasadas administraciones.
La declaración se suma a una de las líneas más sostenidas por De La Espriella: que las grandes obras de infraestructura no deben paralizarse por cálculos políticos. En varias intervenciones públicas ha sostenido que la continuidad de los proyectos de transporte, vías y servicios públicos es una condición básica para el desarrollo.
El metro de Bogotá ha sido emblemático de esa discusión. Diversas administraciones locales y nacionales han tenido posturas distintas sobre el modelo de financiación, la profundidad de los túneles y la extensión de las líneas. Cualquier cambio de criterio suele traducirse, según críticos del sector, en retrasos y sobrecostos.
Para los usuarios de TransMilenio y del futuro sistema férreo, la obra representa la esperanza de viajes más rápidos y conexiones que hoy dependen de buses articulados atrapados en trancones crónicos del centro y el sur de la ciudad. Comerciantes y residentes de las zonas de influencia han reclamado durante años una fecha cierta de inauguración.
La visita presidencial también ocurre mientras el Distrito avanza en la socialización de los últimos ajustes del trazado y en la capacitación de operadores. El gobierno nacional, por su parte, ha anunciado su intención de mantener los desembolsos pactados para no frenar los tramos finales.
Queda por ver si el recorrido se traduce en anuncios concretos sobre cronogramas, aportes adicionales o nuevas fases del proyecto. Por ahora, la frase del presidente dentro del propio tren quedó como la imagen política del día y como una señal del tono que el Ejecutivo quiere imponer frente a las obras heredadas.
Según la fuente, la crítica al gobierno anterior y la defensa de la continuidad de la obra marcaron el eje de la intervención. La Revista Semana registró ambos elementos en su cobertura.
