La Casa de Nariño, sede histórica del Gobierno colombiano en Bogotá, dejaría de ser residencia presidencial si se concreta la decisión anunciada por Abelardo De La Espriella. El medio El Pilón reportó que el jefe de Estado resolvió no vivir en el recinto y que ya definió el destino que quiere darle a la edificación durante su mandato.
Según el extracto de El Pilón, la iniciativa plantea convertir la Casa de Nariño en un espacio abierto al público. La idea es que el edificio, hasta ahora de uso reservado para el presidente y su equipo más cercano, pueda ser visitado por la ciudadanía como ocurre con otras sedes gubernamentales en distintos países.
De forma paralela, De La Espriella reveló cuál será su lugar de trabajo. Ejercerá sus funciones desde diferentes ciudades de Colombia, un esquema que lo aleja del modelo tradicional de un despacho fijo en el centro de Bogotá. La medida busca, de acuerdo con la propuesta, un contacto más directo con las regiones.
La Casa de Nariño funciona como sede del Ejecutivo desde 1953, cuando el entonces presidente Roberto Urdaneta Arbeláez ordenó su construcción en el costado oriental de la Plaza de Bolívar. Desde entonces, cada mandatario la ha usado como despacho y, en la mayoría de los casos, como residencia, salvo contadas excepciones en las que el presidente prefirió vivir en otra parte.
El cambio propuesto modificaría una práctica de más de siete décadas. El edificio, ubicado en el centro histórico de la capital, combina funciones protocolarias, oficinas de trabajo y residencia privada. Abrirlo al público implicaría reorganizar los espacios y separar por completo las áreas gubernamentales de las visitables.
Para la ciudadanía, una apertura del recinto significaría acceso a un edificio que solo se conoce por imágenes oficiales o recorridos institucionales puntuales. También implicaría ajustes de seguridad y logística en una zona de alta sensibilidad, dada la proximidad de la Plaza de Bolívar y la sede de la Alcaldía de Bogotá.
La decisión de despachar desde distintas ciudades conecta con un debate recurrente en Colombia sobre la desconcentración del poder. En las últimas décadas se han promovido esquemas de trabajo itinerante para acercar al Ejecutivo a las regiones y reducir el centralismo político y administrativo que caracteriza al país.
Por ahora, El Pilón no detalla fechas de implementación ni el cronograma de apertura al público. Tampoco se conoce qué equipos de apoyo presidencial permanecerán en Bogotá ni cómo se coordinarán las agendas regionales. Esos puntos quedan pendientes en el plan anunciado por De La Espriella.
La propuesta abre un escenario nuevo para la relación entre los colombianos y la sede del Gobierno. Pasar de un edificio cerrado a uno visitable, y de un despacho fijo a uno móvil, son dos cambios que dependerán de decisiones administrativas y presupuestales en los próximos meses.
