La abogada de Daneidy Barrera Rojas, conocida como Epa Colombia, elevó una solicitud directa al presidente Abelardo De La Espriella para que revise las condiciones en las que la empresaria cumple la privación de la libertad. Según reportó Vanguardia, la defensa anunció que trabaja en los trámites para que su clienta pueda acceder a la figura de detención domiciliaria.
El pedido se conoce en un momento sensible del proceso judicial que enfrenta la creadora de contenido. La defensa centra su argumento en las condiciones actuales de reclusión, un factor que en Colombia suele ser determinante para que un juez evalúe cambios en la medida de aseguramiento. La figura de la detención domiciliaria se concede cuando se cumplen requisitos legales como buena conducta, comparación de la pena esperada y condiciones personales de la procesada.
La solicitud al presidente De La Espriella abre un escenario inusual: la intervención del jefe de Estado en un caso que cursa en la rama judicial. En Colombia, las decisiones sobre medidas de aseguramiento corresponden a los jueces, por lo que el alcance real de una petición presidencial es limitado. Sin embargo, la defensa busca visibilidad pública y respaldo institucional para acelerar el estudio del beneficio.
El caso de Epa Colombia ha tenido amplia cobertura mediática desde su captura, en parte por el papel de Barrera como figura de las redes sociales y por su actividad empresarial en el sector de productos de aseo. La judicialización de la creadora de contenido generó un debate nacional sobre los límites entre opinión en redes, vandalismo y responsabilidad penal. Este nuevo capítulo reaviva la discusión sobre el trato que el sistema penitenciario da a las personas con alto reconocimiento público.
Para la ciudadanía, este tipo de solicitudes pone sobre la mesa una pregunta recurrente: por qué algunas personas con capacidad económica o visibilidad acceden a beneficios judiciales que otros internos no obtienen. Organizaciones de derechos humanos han señalado en otras ocasiones la necesidad de criterios uniformes para conceder la detención domiciliaria. La petición de la defensa se inscribe en ese debate, aunque el caso concreto se resolverá por la vía judicial.
La abogada también cuestionó las condiciones del sitio donde permanece Barrera. Esa denuncia coincide con reportes sobre hacinamiento y limitaciones de servicios en centros de reclusión del país, un problema estructural que el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario enfrenta hace años. Cualquier decisión sobre cambio de medida de aseguramiento se tomará con base en informes del Inpec y en la valoración de los jueces de ejecución de penas.
Mientras se resuelve la solicitud, el proceso penal de Epa Colombia sigue su curso en los despachos judiciales competentes. La defensa confía en que la revisión pedida al presidente contribuya a agilizar el trámite de la detención domiciliaria. El siguiente paso inmediato será la radicación formal de la petición ante las autoridades carcelarias y judiciales correspondientes.
Queda por verse si el Gobierno nacional emitirá alguna respuesta pública a la solicitud elevada por la abogada. Por ahora, la petición quedó planteada y la atención ciudadana se centra en el desenlace del proceso judicial y en las condiciones de reclusión de la empresaria.
