La elección de Honorio Henríquez como presidente del Senado encendió el debate interno en las bancadas oficialistas. Aida Avella, senadora del Pacto Histórico, aseguró que la titularidad de la mesa directiva debería recaer en el partido con mayor representación entre las fuerzas que respaldan al gobierno nacional.
Avella dirigió sus palabras al presidente Abelardo de la Espriella y recordó un principio básico de la separación de poderes. Dijo, textualmente, que el Congreso no lo dirige ningún mandatario, una frase que buscaria marcar distancia entre el Ejecutivo y la Corporación.
La parlamentaria insistió en que cualquier intento de imponer nombres al margen de los consensos pone en riesgo la gobernabilidad. En sus declaraciones, recogidas por Infobae, pidió respetar el peso específico de cada bancada dentro de la coalición que apoya al gobierno.
La presidenta del Senado, según las voces oficialistas, debe reflejar la correlación de fuerzas surgida de las urnas. Esa ha sido una tradición recurrente en el Legislativo colombiano, aunque no está escrita en la Constitución ni en el Reglamento del Congreso.
En la práctica, la elección del 20 de julio, cuando se instala cada nueva legislatura, suele ser el escenario donde se mide la fuerza real de las bancadas. La figura del presidente del Senado es clave porque alterna con el Congreso en la condición de jefe de Estado cuando hay ausencia absoluta del presidente y el vicepresidente.
La intervención de Avella reabrió el rifirrafe entre el Pacto Histórico y los demás partidos de la coalición oficialista. Sectores cercanos a la bancada mayoritaria esperaban que la mesa directiva recogiera su peso en las votaciones recientes, mientras que otras colectividades defendían el nombre de Henríquez por su trayectoria legislativa.
Para los analistas políticos consultados en pasadas ocasiones por medios nacionales, la conformación de la mesa directiva suele anticipar el nivel de diálogo entre el gobierno y el Congreso. Un reparto que reconozca a la bancada mayoritaria tiende a facilitar la aprobación de proyectos, mientras que una distribución más fragmentada suele tensar las relaciones.
El episodio también deja ver la fragilidad de los acuerdos de coalición. El gobierno de Abelardo de la Espriella enfrenta un Senado donde ninguna bancada tiene mayoría absoluta, lo que obliga a tejer consensos permanentes para sacar adelante reformas y nombramientos.
Queda por ver si el gobierno responde formalmente a los señalamientos de Avella o si la controversia se diluye con el paso de los días. Por ahora, la frase de la senadora marca la primera señal pública de disidencia interna en la bancada mayoritaria tras la instalación de la mesa directiva del Senado.
