Aida Quilcué, quien acompañó a Iván Cepeda en la fórmula vicepresidencial, confirmó que ocupará la curul que le corresponde en el Congreso en representación de las comunidades indígenas. El escaño, explicó, se obtuvo gracias al Estatuto de la Oposición, figura que la Constitución y la ley reconocen para garantizar la participación política de las Minorías que no hacen parte del Gobierno.
En sus primeras declaraciones tras la derrota electoral, Quilcué dejó clara su postura frente al nuevo Ejecutivo. Anunció que desde el Legislativo actuará como una voz de control frente al Gobierno de Abelardo de la Espriella, recién elegido presidente de Colombia.
La congresista manifestó que no reconoce la elección de De la Espriella y sostuvo que no acatará sus instrucciones. Según ella, el resultado electoral no la obliga a respaldar las decisiones del nuevo Gobierno ni a renunciar a su agenda legislativa.
Quilcué concentró sus críticas en tres ejes. Primero, las reformas que están vigentes y que, según dijo, corren riesgo de ser desmontadas. Segundo, los procesos de paz que se encuentran en marcha y que, a su juicio, pueden verse afectados por la nueva orientación del Ejecutivo. Tercero, las garantías para los pueblos indígenas, un tema que ha sido central en su trayectoria política y en la de los movimientos que representa.
El Estatuto de la Oposición, Ley 1909 de 2018, reglamentó los derechos de las fuerzas políticas declaradas en oposición tras una elección presidencial. Entre otros beneficios, permite a quienes no hacen parte del Gobierno acceder a curules en el Congreso y a espacios en los medios de comunicación institucional. El ejercicio de esta figura implica, por diseño, la fiscalización al Ejecutivo desde el Legislativo.
La llegada de Quilcué al Congreso ocurre en un momento de recomposición política. Su partido, el Pacto Histórico, perdió la presidencia tras la victoria de Abelardo de la Espriella, pero conserva una bancada y el derecho a la oposición. En ese escenario, las bancadas indígenas y los partidos de izquierda han anunciado que reforzarán su papel de veeduría sobre las decisiones del nuevo Gobierno.
Para los pueblos indígenas del país, la presencia de Quilcué en el Legislativo tiene un significado particular. Ella es una lideresa Nasa del Cauca y ha sido vocera de movimientos que reivindican la consulta previa, la protección de los territorios y el cumplimiento de los acuerdos firmados entre el Estado y las comunidades. Su llegada al Congreso se interpreta como una plataforma para que esas demandas lleguen al debate nacional.
La postura de Quilcué se inscribe en una tradición de oposición frontal que varias fuerzas políticas han asumido tras perder una elección presidencial. La diferencia en este caso es el tono del anuncio, con la frase 'No obedeceremos órdenes', que marca una distancia explícita con el Gobierno entrante y anticipa un período de relaciones tensas entre el Ejecutivo y al menos una parte del Legislativo.
Queda por verse cómo se desarrollarán las primeras sesiones del Congreso con el nuevo Gobierno. Las iniciativas que envíe De la Espriella serán el primer termómetro de la relación entre el Ejecutivo y la oposición, y de la capacidad de Quilcué y su bancada para incidir en el trámite legislativo.
Según Infobae, la congresista dejó claro que su objetivo no es bloquear por bloquear, sino defender lo que considera conquistas del período anterior: las reformas en curso, los acuerdos de paz y los derechos de los pueblos originarios. Esa agenda marcará el contenido de su oposición durante los próximos años.
