El expresidente Álvaro Uribe todavía no confirma si asistirá a la ceremonia de posesión de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia. Según reporta La Silla Vacía, el exmandatario alegó motivos personales y judiciales para postergar la decisión. La indefinición ocurre a pocos días de la transmisión de mando.
La noticia pone en primer plano un dato político de alto voltaje: la relación entre el uribismo y el nuevo gobierno arrancó sin un gesto público de cercanía. La presencia del expresidente en la posesión sería leída como un respaldo simbólico del partido Centro Democrático a la nueva administración. Su ausencia, en cambio, profundizaría la distancia.
Uribe fundó y lideró el Centro Democrático, la fuerza política que durante más de una década marcó la agenda legislativa y de opinión en Colombia. Su figura sigue siendo referente del sector más conservador del electorado. Por eso, cualquier gesto suyo hacia el nuevo gobierno se interpreta como termómetro de la oposición.
El argumento de razones judiciales alude a la situación procesal del exmandatario. Uribe enfrenta un expediente por presunta manipulación de testigos y fraude procesal, un caso que lo ha mantenido bajo cuidados especiales y con restricciones de movilidad. La Silla Vacía no detalla en el extracto cuál de esos factores pesa más en la decisión.
Para la nueva presidencia, la ceremonia de posesión en la Plaza de Bolívar es un acto protocolario y, a la vez, un escenario de reconciliación nacional. A la cita asisten expresidentes, líderes de los otros poderes y representantes de la comunidad internacional. La silla vacía de Uribe sería notoria en un evento colmado de invitados.
La tregua tácita entre el uribismo y la campaña de Abelardo de la Espriella se construyó sobre la idea de evitar confrontaciones durante la transición. Esa tregua permitió que la campaña del ahora presidente criticara a gobiernos anteriores sin personalizar contra Uribe. La indefinición actual rompe ese equilibrio y abre un ciclo de gestos por descifrar.
Sectores cercanos al uribismo han dicho que la decisión se anunciará en los próximos días. Mientras tanto, la nueva administración optó por no polemizar y dejó la decisión en el terreno privado. Esa prudencia, según analistas, busca no convertir una ausencia en un hecho político mayor de lo que ya es.
Quedan varios escenarios abiertos. Si Uribe asiste, se reinicia un canal de diálogo respetuoso entre el Centro Democrático y la casa de Nariño. Si finalmente no va, el nuevo gobierno arrancará con una oposición que se siente distante y un expresidente que preserva su capacidad de marcar agenda desde afuera. La respuesta, por ahora, es el silencio.
