Armando Benedetti, quien se encuentra en el tramo final de su paso por el Ministerio del Interior, aseguró que no está promoviendo ninguna acción para cambiar el sitio previsto para la toma de posesión del próximo presidente de Colombia. La afirmación la hizo ante la consulta de Infobae sobre si presionaba al Congreso con ese fin.
El contexto inmediato es la discusión pública sobre dónde se realizará la ceremonia de juramentación. En los últimos días circuló la versión de que el evento podría trasladarse a una base militar, una posibilidad que ha generado debate sobre el simbolismo y el protocolo del acto de posesión presidencial en el país.
Benedetti recurrió a una expresión fuerte para marcar distancia con esa hipótesis. Se autodefinió como un cadáver, una frase que en el lenguaje político colombiano suele emplearse para señalar que el funcionario ya no tiene capacidad real de decisión ni de incidencia sobre los asuntos del Gobierno que está por concluir.
Con esta salida, el ministro saliente busca desactivar la percepción de que desde el Ministerio del Interior se estarían moviendo hilos para alterar el escenario de la transición. La aclaración llega en un momento sensible, cuando faltan pocos días para que Abelardo de la Espriella reciba la banda presidencial y asuma formalmente el cargo.
El episodio refleja las tensiones propias del periodo de empalme entre un Gobierno que termina y uno que empieza. En ese intervalo, distintas instancias del Estado, incluida la cartera política, suelen quedar en una posición incómoda, a la espera de la confirmación del nuevo gabinete y de las prioridades del equipo entrante.
Para la ciudadanía, lo que está en juego es el carácter del acto de posesión. La ceremonia marca el inicio del nuevo mandato y suele transmitir señales sobre el estilo de Gobierno que se viene. Por eso cualquier cambio de locación, como una eventual sede militar, suele interpretarse como un mensaje político más allá de lo logístico.
Por ahora, Benedetti se desmarca de las gestiones para modificar la juramentación. La pelota queda en manos de la organización de la transición y del equipo del presidente electo, que es el encargado de definir los detalles del protocolo junto con las autoridades competentes.
Queda pendiente confirmar de manera oficial dónde se llevará a cabo la ceremonia y bajo qué condiciones de seguridad y acceso se realizará. Esa decisión, que hasta ahora no se ha informado de forma concluyente, será clave para cerrar la etapa de transición y dar paso al nuevo Gobierno.
Según la fuente consultada, Infobae, Benedetti entregó su versión en tono categórico y no anunció nuevas gestiones sobre el tema. Mientras tanto, el Congreso y la opinión pública siguen atentos a los movimientos previos a la fecha prevista para la transmisión de mando.
