Una autoridad judicial le ordenó al presidente Abelardo de la Espriella y al Congreso de Colombia garantizar el respeto al carácter laico del Estado. El fallo surge después de que en la ceremonia de posesión, celebrada en Cali el 7 de agosto de 2026, se incluyeran elementos religiosos, según reportó Infobae.
La posesión presidencial es el acto formal en el que el jefe de Estado asume sus funciones ante la nación. En Colombia, ese momento está regulado por protocolos institucionales y por el principio constitucional de separación entre el Estado y las iglesias, un pilar del ordenamiento jurídico desde la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.
El principio de laicidad establece que el Estado no profesa ni favorece ninguna religión. La Corte Constitucional ha sido la guardiana de este principio a lo largo de varias décadas, resolviendo tensiones entre la libertad de culto y la neutralidad del aparato público en asuntos como educación, símbolos oficiales y ceremonias estatales.
El fallo no solo se dirige al presidente. También involucra al Congreso como rama legislativa y al protocolo de futuras ceremonias. La orden exige que se garantice que los actos oficiales se realicen sin símbolos, ritos ni prácticas que identifiquen al Estado con una confesión religiosa específica.
Políticos de distintas bancadas reaccionaron al pronunciamiento con argumentos opuestos. Algunos defensores del fallo recordaron que la laicidad protege la libertad religiosa de todos los ciudadanos, incluidos quienes no profesan ninguna fe. Otros consideraron que la inclusión de elementos religiosos no contradice la Constitución y expresaron su respaldo a lo ocurrido en Cali.
Entre las reacciones recogidas por Infobae se escucharon frases como "la fe se respeta". Las posturas reflejan un debate de fondo sobre los límites entre la expresión personal de las creencias y el carácter institucional de una ceremonia de Estado. Para unos, el fallo protege un derecho colectivo; para otros, restringe una manifestación cultural y espiritual.
La decisión pone sobre la mesa el protocolo de futuras posesiones presidenciales en Colombia. El Congreso deberá revisar los procedimientos para asegurar que ningún elemento confesional aparezca en actos oficiales, algo que distintas administraciones habían manejado de manera desigual.
En la práctica, el fallo implica que el presidente debe ofrecer una disculpa pública por lo ocurrido en la ceremonia del 7 de agosto. También obliga a las ramas del poder público a ajustar sus protocolos para evitar que situaciones similares se repitan en futuros cambios de mando.
Por ahora, el caso queda en manos del cumplimiento institucional. El siguiente paso es que el Gobierno y el Congreso informen sobre las medidas adoptadas para acatar la orden, mientras continúa el debate público sobre la relación entre religión, política y Estado en Colombia.
