El gobierno de Abelardo de la Espriella trabaja en una estrategia que contempla el uso de embarcaciones de la Armada Nacional para el aislamiento de 40 reclusos de alta peligrosidad, con apoyo del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec). La medida busca interrumpir la coordinación de actividades ilícitas como extorsiones, homicidios y narcotráfico desde los centros de reclusión, según reportó Infobae.
De acuerdo con la información publicada, los internos seleccionados permanecerían en los buques con condiciones de reclusión estrictas. Entre las restricciones contempladas figura un periodo diario al sol de 30 minutos y la posibilidad de recibir visitas solo una vez al mes, un régimen más severo que el vigente en los establecimientos carcelarios tradicionales.
La propuesta surge en un contexto de crisis carcelaria caracterizada por hacinamiento y reportes reiterados sobre el uso de teléfonos celulares, redes sociales y comunicaciones clandestinas por parte de organizaciones criminales que operan desde las prisiones. Las autoridades han señalado que desde estos centros se han seguido ordenando delitos graves que afectan a la población civil.
El Inpec, entidad encargada de la guarda y custodia de la población privada de la libertad en Colombia, sería la responsable de operar el esquema dentro de las embarcaciones, mientras que la Armada Nacional aportaría la infraestructura naval. La coordinación entre las dos instituciones resulta determinante para el éxito logístico de la iniciativa, según los lineamientos descritos.
Para los defensores de derechos humanos y expertos en política penitenciaria, las condiciones anunciadas generan interrogantes sobre el trato a los reclusos y el cumplimiento de estándares internacionales. El hacinamiento, la salubridad y el acceso a servicios básicos en espacios no diseñados para permanencia prolongada son temas que suelen debatirse cuando se evalúan modalidades de reclusión fuera de los penales convencionales.
En materia de seguridad, las Fuerzas Militares y la Policía Nacional han reiterado que las organizaciones criminales estructuran redes de mando desde las cárceles, lo que convierte a los penales en nodos logísticos para el delito. Por eso, propuestas como los buques prisión apuntan a un problema específico: la capacidad de ciertos internos para mantener el control de estructuras ilegales pese a estar privados de la libertad.
El régimen de visitas mensuales y la limitación del tiempo al aire libre reflejan la lógica de seguridad extrema que justifica la medida, pero también abren un debate sobre la rehabilitación, un principio contemplado en la legislación colombiana. La Constitución y los tratados internacionales suscritos por Colombia establecen que la pena privativa de la libertad tiene funciones de guarda, protección y reinserción social.
Queda por conocer cómo se financiará la operación, cuántos efectivos militares y del Inpec se destinarán a los buques, qué tipo de embarcaciones se utilizarán y si la medida requerirá modificaciones legales o decretos del Ministerio de Justicia y del Ministerio de Defensa. También falta esclarecer los criterios para seleccionar a los 40 reclusos incluidos en este esquema.
El gobierno ha enmarcado la estrategia dentro de un esfuerzo más amplio por recuperar el control del orden público y fortalecer la lucha contra el crimen organizado. Sectores políticos y organizaciones sociales han pedido transparencia sobre los alcances, los costos y las garantías de derechos humanos de la iniciativa, cuyo desarrollo aún está en fase de propuesta, según la información disponible.
