Según El Colombiano, el equipo del presidente electo Abelardo de la Espriella comenzó a ordenar su estrategia en el Capitolio y ya tiene nombres para las dos mesas directivas de las corporaciones. Alfredo Deluque suena para la presidencia del Senado y Nicolás Barguil para la presidencia de la Cámara de Representantes, en una jugada que muestra tempranamente la intención de asegurar gobernabilidad desde el primer día del nuevo periodo legislativo.
Ambos congresistas fueron objeto de un artículo publicado por El Colombiano que reconstruyó la forma como votaron las reformas insignia del gobierno de Gustavo Petro, entre ellas la pensional, la laboral y la de salud. Ese registro de votaciones se convierte ahora en el marco de referencia para entender por qué Deluque y Barguil quedaron en la mira del nuevo gobierno, que busca respaldos firmes en las plenarias desde el arranque.
El Senado de la República y la Cámara de Representantes eligen cada año a sus mesas directivas para periodos legislativos que suelen empezar en julio. Las mesas directivas tienen entre sus funciones principales ordenar el debate, agendar los proyectos que pasan a plenaria y representar políticamente a cada corporación. Por eso los nombres que se pongan al frente de esos cargos suelen anticipar qué tipo de discusiones se facilitarán y cuáles tendrán más obstáculos en el Capitolio.
Los movimientos de ajedrez del gobierno electo no se reducen a Deluque y Barguil. La estrategia inicial contempla conversaciones con otras bancadas y partidos, en un intento por construir mayorías estables durante el cuatrienio que arranca. Las elecciones de mesas directivas son una primera prueba de fuerza: sirven como termómetro de la capacidad de negociación del nuevo Ejecutivo y como señal de los acuerdos políticos que vendrán.
Para la ciudadanía, lo que ocurra en esas presidencias del Congreso es relevante porque condiciona el trámite de las leyes que tocan el bolsillo y los derechos de los colombianos. Proyectos sobre pensiones, trabajo, salud, impuestos y orden público suelen pasar primero por el filtro de las mesas directivas antes de llegar a debate. Que un congresista vote en un sentido o en otro incide en la velocidad con la que una iniciativa avanza, se modifica o se archiva.
Las reacciones políticas no se han hecho esperar. Sectores del oficialismo saliente han expresado preocupación por el giro que toman los nombramientos legislativos del gobierno entrante, en la medida en que Deluque y Barguil aparecen en el listado de quienes se opusieron a varias de las reformas de Petro. En contraste, voceros cercanos a la campaña de Abelardo de la Espriella consideran que se trata de un reconocimiento a una postura coherente y a una cercanía con las prioridades anunciadas por el nuevo gobierno.
Quedan varias tareas pendientes en el corto plazo. La primera es la negociación formal con las bancadas para consolidar las mayorías internas en cada corporación. La segunda es la instalación formal de las mesas directivas, prevista para las próximas semanas. La tercera, y quizá la más decisiva, es la forma en que esos nuevos liderazgos manejarán el primer paquete de proyectos del gobierno de Abelardo de la Espriella, que se conocerá una vez arranque el nuevo periodo presidencial.
El contexto inmediato es el fin del gobierno de Gustavo Petro y el inicio del gobierno de Abelardo de la Espriella. Entre ambos periodos hay un relevo de poder en el que el nuevo Ejecutivo necesita interlocutores válidos en el Congreso para tramitar su agenda. La elección de Deluque y Barguil se inscribe en esa necesidad y refleja una apuesta por legisladores que han sido visibles en debates nacionales recientes.
