El presidente Abelardo de la Espriella volvió a pronunciar la frase “¡Que viva Cristo rey!” durante su alocución del 30 de agosto, según reportó Infobae. La expresión ya la había usado en su discurso de posesión en Cali, el viernes 7 de agosto de 2026, cuando asumió la Presidencia de Colombia.
La Asociación de Ateos de Bogotá reaccionó a las disculpas que el mandatario ofreció en esa alocución. En su cuestionamiento, la organización le solicitó al jefe de Estado “un poquito más de valentía”, según registró Infobae.
La controversia gira en torno al uso de una expresión de carácter religioso en un acto oficial del Estado colombiano. Para los críticos, esa clase de frases en actos públicos pueden interpretarse como una identificación del gobierno con una confesión religiosa particular, en un país donde la Constitución consagra la libertad de cultos y la separación entre las iglesias y el Estado.
En Colombia, el debate entre expresiones religiosas en la política y el carácter laico del Estado ha sido recurrente a lo largo de la historia reciente. Distintos sectores ciudadanos han reclamado que las alocuciones presidenciales se mantengan en un lenguaje institucional, sobre todo cuando se transmiten por cadenas nacionales de radio y televisión.
La Asociación de Ateos de Bogotá es una organización civil que agrupa a personas no creyentes y promueve la separación entre las creencias religiosas y las instituciones públicas. Su voz se suma a la de otros colectivos que, ante pronunciamientos similares, han pedido mensajes presidenciales incluyentes.
De acuerdo con la fuente, las disculpas ofrecidas por el presidente en la alocución del 30 de agosto no convencieron a la organización. El pedido de “un poquito más de valentía” sugiere que, para los ateos bogotanos, el reconocimiento del error fue parcial o insuficiente.
El episodio ocurre en los primeros días de gestión del nuevo gobierno. Las primeras declaraciones y gestos de un presidente suelen fijar el tono del relacionamiento entre el Ejecutivo y distintos sectores sociales, incluidos los grupos de defensa de la laicidad.
Por ahora, la Administración no ha informado si modificará el contenido de sus futuras alocuciones o si mantendrá el uso de esa clase de expresiones. La organización atea no descartó nuevas intervenciones públicas sobre el tema, según la cobertura de Infobae.
El hecho deja sobre la mesa una pregunta más amplia sobre cómo compatibilizar las creencias personales de un presidente con la obligación de representar a una ciudadanía diversa en materia religiosa. Esa discusión, según distintas voces, seguirá marcando la relación entre el gobierno y las minorías no creyentes.
