Naín Andrés Pérez Toncel, conocido como “Bendito Menor”, murió en un operativo de las fuerzas de seguridad colombianas en La Guajira, de acuerdo con El Colombiano. El hombre era señalado como el jefe de la organización criminal “los Pachenca” en ese departamento, una estructura dedicada al narcotráfico y otras actividades ilícitas en la región Caribe.
Con su caída, Pérez Toncel se convirtió en el primer objetivo militar de alto valor del gobierno de Abelardo de la Espriella que termina muerto en una operación desde el inicio de su mandato. La administración había hecho de la lucha contra las organizaciones criminales una de sus prioridades en materia de seguridad, y la noticia marca un primer resultado tangible dentro de esa estrategia.
Los Pachenca han operado durante años en La Guajira y zonas del Cesar y Magdalena, con presencia en rutas de salida de droga hacia el Caribe y vínculos con redes de contrabando. El control territorial que ejercen en municipios de la frontera con Venezuela los ha convertido en uno de los grupos que más preocupa a las autoridades de esa zona del país.
El gobierno no ha informado aún, en el reporte de El Colombiano, sobre los demás cabecillas que permanecían en la lista de objetivos militares trazada por De la Espriella. Esa lista se había dado a conocer como parte de una ofensiva contra organizaciones señaladas de financiar estructuras armadas y de sostener economías ilegales en varias regiones.
En el contexto de seguridad del país, los “objetivos militares de alto valor” son los nombres que las Fuerzas Armadas y la Policía priorizan dentro de sus operaciones, normalmente con recompensas económicas y trabajo de inteligencia conjunta. Que uno de esos nombres sea neutralizado en pleno mandato se lee como una señal del ritmo que busca imprimir el Ejecutivo a su política de seguridad.
La muerte de “Bendito Menor” deja en el aire una pregunta estructural sobre lo que ocurre con “los Pachenca” tras la salida de su principal cabecilla en La Guajira. Las organizaciones criminales suelen reaccionar a estos golpes con reacomodos internos, disputas entre sucesores o intentos de retomar el control territorial perdido en las zonas donde ya tenían presencia.
Para los habitantes de los municipios donde este grupo ha hecho presencia, las implicaciones son directas: en esas zonas la población ha padecido extorsiones, restricciones a la movilidad y hechos de violencia asociados a la disputa por el control de economías ilegales. Cada golpe a la cúpula criminal abre la posibilidad de que esos espacios queden en disputa temporal, con riesgo de nuevos enfrentamientos.
El Colombiano señala que, además del caso de “Bendito Menor”, permanecen activos otros nombres dentro de la lista de objetivos fijada por el gobierno nacional. La expectativa, según la misma línea informativa, es que las operaciones continúen en las próximas semanas en distintas regiones del país.
Por ahora, la confirmación oficial sobre las circunstancias exactas del operativo, la ubicación donde ocurrió y las autoridades que participaron se concentra en lo reportado por El Colombiano. Queda pendiente que el gobierno y la fuerza pública detallen públicamente estos puntos y entreguen un balance más completo de los resultados de la operación.
