La revista Semana reportó que cabecillas del Clan del Golfo y de disidencias de las FARC estarían huyendo hacia Panamá tras la elección de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia. El reporte, basado en fuentes oficiales que la publicación no identificó, señala que la salida se habría acelerado en los últimos días.
El fenómeno no se limitaría a personas. Las autoridades también han detectado millonarios movimientos de dinero hacia el exterior que, según la fuente, estarían vinculados a las estructuras criminales. Semana no publicó el monto exacto ni los destinos financieros precisos, pero aseguró que los flujos encajan con el patrón de salida de los cabecillas.
El Clan del Golfo, también conocido como Autodefensas Gaitanas o AGC, es la principal organización criminal de origen paramilitar activa en Colombia. Opera en varias regiones del país mediante redes de narcotráfico, minería ilegal y extorsión, y ha sido objeto de operativos militares y policiales sostenidos durante los últimos gobiernos.
Por su parte, las disidencias de las FARC son grupos que se apartaron del proceso de paz firmado en 2016 entre el Estado colombiano y la entonces guerrilla de las FARC. Varios de esos frentes nunca se desmoviliaron y otros se rearmaron después, por lo que han mantenido presencia armada en zonas rurales, sobre todo en Cauca, Nariño, Putumayo y Catatumbo.
El contexto inmediato es la reciente elección de Abelardo de la Espriella como presidente. Su llegada a la Casa de Nariño marca un cambio de gobierno que, según el reporte, habría activado protocolos de salida entre los líderes criminales que enfrentan investigaciones o procesos de sometimiento.
La huida de cabecillas hacia Panamá no es nueva en la historia reciente. El país vecino ha sido ruta frecuente para narcotráfico, lavado de activos y refugio de líderes de organizaciones armadas colombianas, en parte por la porosidad de la frontera en el Darién y por la cercanía geográfica con el Caribe y el Pacífico.
Para la ciudadanía, una eventual salida de estos líderes podría tener un efecto doble. Por un lado, reduciría la presencia directa de los jefes de las estructuras en el territorio colombiano. Por el otro, abriría el debate sobre las finanzas ilícitas que salen del país y sobre la cooperación judicial con Panamá para rastrear esos recursos.
La revista Semana no reveló qué autoridad concreta hizo las mediciones ni en qué periodo se habrían detectado los movimientos de dinero. Tampoco entregó nombres propios de los cabecillas que, según la fuente, estarían cruzando la frontera. La publicación se limitó a describir la tendencia general.
Queda pendiente confirmar oficialmente el alcance del fenómeno. El nuevo gobierno, las Fuerzas Militares y la Policía Nacional deberán pronunciarse sobre las versiones de Semana y, en caso de ser ciertas, evaluar mecanismos de cooperación con Panamá para evitar que la salida de líderes y capitales quede sin consecuencias judiciales.
