La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, respondió públicamente al presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, tras unas declaraciones sobre la influencia de carteles mexicanos en territorio colombiano. La reacción fue difundida por el portal ELTIEMPO.com y ocurre en medio del proceso de transición del nuevo gobierno colombiano.
El pronunciamiento mexicano se produce después de que De la Espriella diera un plazo de un mes a los grupos armados del país para someterse a la justicia. Esa advertencia hizo parte de su discurso frente a la posibilidad de enfrentar organizaciones dedicadas al narcotráfico y a otras economías ilegales, un tema sensible en la relación bilateral con México.
De la Espriella es el candidato que resultó elegido en las recientes elecciones presidenciales de Colombia, por lo que sus declaraciones sobre el crimen organizado son seguidas con atención por gobiernos de la región. México, atravesado también por la actividad de poderosas organizaciones de narcotráfico, aparece como uno de los interlocutores naturales en este debate.
La mandataria mexicana ha sido enfática en defender la soberanía de su país y en rechazar señalamientos que atribuyan a carteles mexicanos una influencia directa sobre la seguridad de otras naciones. Su respuesta a De la Espriella se inscribe en esa línea de defensa de la política de seguridad interna del gobierno federal.
El cruce diplomático ocurre en un momento en que Colombia enfrenta debates internos sobre la política de seguridad y el tratamiento de los grupos armados ilegales. De la Espriella ha planteado como prioridad el sometimiento de esas organizaciones a la justicia ordinaria, en línea con la postura tradicional de los gobiernos colombianos frente al narcotráfico.
Para los ciudadanos, el impacto inmediato de este tipo de declaraciones suele medirse por las consecuencias en la cooperación bilateral. México y Colombia comparten una frontera activa, rutas de narcotráfico y acuerdos de cooperación judicial y policial que pueden verse afectados por la retórica entre mandatarios.
Analistas consultados en distintas ocasiones han recordado que las afirmaciones sobre la presencia de carteles extranjeros en Colombia suelen ser políticamente sensibles. Tanto Bogotá como Ciudad de México han manejado el tema con cautela para evitar fricciones que comprometan la inteligencia y los operativos conjuntos.
Por ahora, queda pendiente conocer si el gobierno electo de De la Espriella ampliará sus declaraciones o si la Casa Blanca mexicana continuará elevando el tono. También se espera que durante el período de transición se aclaren los lineamientos de la nueva política de seguridad frente a los grupos armados y al crimen transnacional.
