El obispo de Istmina, Monseñor Mario de Jesús Álvarez Gómez, elevó un llamado urgente para que el gobierno nacional atienda la crisis humanitaria que afecta al Chocó y a Buenaventura, según reportó Resumen Latinoamericano el 18 de agosto de 2026, citando como fuente al medio Rebelión. El pronunciamiento ocurre en el contexto del terremoto que sacudió a Cali el 10 de agosto de 2026 y que dejó, de acuerdo con la imagen difundida por las fuentes citadas, un edificio de cuatro pisos destruido en esa ciudad.
El prelado cuestionó que las promesas oficiales no se traduzcan en acciones concretas. Esa frase, recogida textualmente por la fuente, refleja la inconformidad de la Iglesia católica en una de las zonas más golpeadas por la pobreza estructural del país. Istmina es uno de los municipios centrales del Chocó, un departamento históricamente afectado por la falta de inversión en infraestructura, salud y vías.
El obispo pidió al presidente Abelardo de la Espriella que la respuesta estatal sea efectiva y no se limite a declaraciones. La diócesis de Istmina ha sido vocera recurrente de las comunidades ribereñas y afrodescendientes que habitan la cuenca del río San Juan y que dependen en buena medida de la asistencia del Estado ante emergencias.
Según la nota de Resumen Latinoamericano, Álvarez Gómez también planteó dudas sobre el carácter de la ayuda que llegó a Cali después del sismo. El titular del medio, reproducido en el reporte, pregunta si el gobierno convirtió la ayuda humanitaria en una ocupación militar, una versión que según el extracto no fue confirmada ni desmentida con cifras o declaraciones oficiales citadas.
El Chocó y Buenaventura figuran entre los territorios con mayores índices de pobreza multidimensional del país. Las emergencias derivadas de fenómenos naturales suelen agravar la situación de poblaciones que ya carecen de servicios básicos. Por eso los llamados de la Iglesia suelen anteceder o visibilizar exigencias de la sociedad civil que no encuentran eco en otras instancias.
La Diócesis de Istmina integra la región eclesiástica del Pacífico colombiano, una zona donde la Iglesia católica acompaña a comunidades afro e indígenas que han sido impactadas por el conflicto armado, el desplazamiento y los desastres naturales. El obispo tiene una voz pastoral con peso en la opinión pública regional y nacional.
El terremoto del 10 de agosto de 2026 en Cali, una de las ciudades más pobladas de Colombia, puso a prueba los protocolos de atención de emergencias del gobierno nacional. La destrucción de un edificio de cuatro pisos, según la fotografía incluida en el reporte, da cuenta de la magnitud de los daños estructurales en zonas urbanas.
Hasta la fecha del reporte, Resumen Latinoamericano no incluyó en el extracto una respuesta oficial del gobierno de De la Espriella ni de las Fuerzas Militares sobre el carácter civil o militar de la ayuda desplegada en Cali. Esa ausencia de pronunciamiento es, en sí misma, parte del debate que abrió el obispo.
La comunidad del Chocó y de Buenaventura queda a la espera de anuncios concretos sobre inversiones, reconstrucción y atención diferencial. Mientras tanto, el llamado del obispo de Istmina se suma a las voces que piden que la ayuda llegue de manera oportuna y sin condicionamientos a las poblaciones más vulnerables.
