El pasado lunes, según reportó Reuters, el Congreso de Colombia dio apertura a un nuevo periodo legislativo. La fotografía inicial muestra una composición fragmentada, con varias bancadas que obtuvieron representación significativa en las urnas. Esa dispersión del poder político es el dato central que deja la jornada de instalación.
Para el presidente electo Abelardo De La Espriella, un abogado que asumirá la primera magistratura, el panorama implica un reto inmediato. La fragmentación del Legislativo obliga a construir mayorías caso por caso y limita la capacidad de imponer agendas propias sin acuerdos previos con partidos y movimientos independientes.
En la práctica, ningún bloque cuenta con los votos suficientes para aprobar en solitario proyectos de gran calado. Los cálculos legislativos dependerán de coaliciones temporales y de la capacidad del Ejecutivo para tender puentes con sectores que durante la campaña tuvieron posturas distintas.
El contexto colombiano de los últimos años ha estado marcado por esa misma dinámica de negociación permanente. El Congreso ha sido escenario de debates entre el gobierno de turno y bancadas que, sin ser opositoras tradicionales, condicionan el avance de reformas estructurales. Esa experiencia previa se convierte ahora en referencia obligada para el nuevo periodo.
La ciudadanía observará con atención los primeros movimientos del nuevo Congreso. Las decisiones que se adopten en este tramo legislativo, antes de la posesión presidencial, pueden definir prioridades en temas como seguridad, economía y política social. Los acuerdos de gobernabilidad suelen pactarse en estas semanas iniciales.
Dentro del nuevo mapa político, los partidos regionales y las llamadas bancadas independientes ganaron terreno en las recientes elecciones. Su papel será determinante en votaciones que requieren mayorías calificadas o simples, dependiendo del proyecto. Esa realidad obliga a De La Espriella a diseñar una estrategia legislativa basada en el diálogo permanente.
El periodo legislativo que arranca deberá abordar, entre otros, el trámite del presupuesto nacional, los proyectos de ley pendientes y las iniciativas que el nuevo gobierno presente en sus primeros meses. La velocidad con la que se instalen las mesas directivas y las comisiones dará señales del clima político que se avecina.
Analistas consultados por distintos medios han señalado que la fragmentación no es un fenómeno nuevo en Colombia, pero su magnitud actual plantea interrogantes sobre la gobernabilidad. La figura del presidente requiere, en este escenario, habilidades de concertación y un equipo legislativo con experiencia en negociar con múltiples actores.
En las próximas semanas se conocerá la composición final de las comisiones constitucionales y legales, piezas clave para el trámite de las reformas. Ese reparto de sillas anticipará los márgenes de maniobra del nuevo Ejecutivo y mostrará el nivel de cooperación o de tensión entre las fuerzas políticas representadas en el Capitolio.
La instalación del Congreso marca así el inicio formal de una etapa donde la palabra clave será negociación. El gobierno entrante de Abelardo De La Espriella llega sin mayorías aseguradas, y el Legislativo arranca con una diversidad de voces que obliga a acuerdos transversales para sacar adelante la agenda del país.
