La Asociación Colombiana de Minería (ACM) dio inicio a una nueva edición de su congreso gremial, el escenario donde el sector minero formal expone su agenda frente al Gobierno, inversionistas y sociedad civil. En la apertura, su presidente Juan Camilo Nariño planteó una advertencia sobre el rumbo reciente de la actividad.
Según recoge Semana, Nariño afirmó que Colombia no puede darse el lujo de renunciar a la minería. Su intervención se centró en la necesidad de recuperar la exploración, una actividad que, de acuerdo con el gremio, atravesó cuatro años difíciles durante los cuales los inversionistas se sintieron atacados, una percepción que habría frenado nuevos proyectos.
La exploración es la etapa inicial de cualquier proyecto minero: consiste en los estudios geológicos y técnicos que permiten confirmar si un depósito es viable antes de invertir en su explotación. Cuando esta fase se detiene, los efectos se ven años después, porque sin descubrimientos no hay nuevas minas en operación ni regalías frescas para las regiones productoras.
La queja del gremialista se inscribe en una tensión recurrente en la historia reciente del sector. Gobiernos de distinto signo han oscilado entre la promoción de la inversión minero-energética y el discurso de ordenamiento territorial, protección ambiental y consulta a comunidades, factores que las empresas suelen identificar como riesgos para sus planes de exploración.
Desde el lado de las regiones productoras, la minería de gran escala aporta regalías que financian obras y programas locales, mientras las comunidades cercanas suelen reclamar mayor control sobre los impactos ambientales y sociales. Equilibrar esos intereses es el centro del debate, según han señalado expertos del sector en distintas oportunidades.
El reclamo del gremialista por recuperar la exploración llega en un momento en el que el Gobierno nacional ha puesto sobre la mesa discusiones sobre seguridad jurídica, transición energética y ordenamiento del territorio alrededor de la actividad minera, ejes que podrían incidir en la decisión de nuevas inversiones.
La ACM agrupa a las principales empresas del sector formal en Colombia, incluyendo compañías dedicadas a la exploración de oro, cobre, carbón y otros minerales. Su congreso anual suele convertirse en termómetro del clima de inversión: reúne a directivos, funcionarios y analistas para evaluar cifras, perspectivas y políticas públicas.
Más allá del mensaje político del primer día, el congreso se extenderá durante varias jornadas en las que se esperan paneles técnicos y económicos. La mirada queda puesta en si el llamado del gremio se traduce en señales concretas desde el Ejecutivo y en si los inversionistas interpretan un cambio de ambiente en los meses siguientes.
Si la exploración no se reactiva, advirtió el gremio, las consecuencias se sentirán a mediano plazo en el volumen de producción y en los ingresos por regalías, lo que afectaría a municipios que dependen de esos recursos para su presupuesto. De ahí la urgencia que planteó Nariño en su primera intervención.
El congreso continuará con mesas de trabajo en las que se discutirán justamente esos puntos: la recuperación de la confianza inversionista, el marco regulatorio vigente y las posibilidades de la minería en el contexto de transición energética. Las conclusiones del encuentro se conocen al cierre, según la agenda gremial.
