Colombia inaugurará el miércoles su embajada en Jerusalén, según confirmó la Cancillería. El acto estará encabezado por el canciller Omar Bula, quien viajó a Israel para participar en la ceremonia oficial de apertura de la sede diplomática.
Con este paso, el gobierno colombiano concreta el traslado de su representación en Israel a Jerusalén, una ciudad cuyo estatus es motivo de disputa entre israelíes y palestinos desde hace décadas. Hasta ahora, la mayoría de los países mantienen sus embajadas en Tel Aviv, y solo unos pocos las han situado en Jerusalén.
La decisión se inscribe en el giro reciente que dio Colombia en su relación con Israel. El país había sido tradicionalmente cercano a la causa palestina y había acompañado la postura de solicitar un Estado palestino con capital en Jerusalén oriental. Mover la embajada rompe con esa línea histórica.
El cambio no es únicamente un movimiento simbólico, también tiene efectos prácticos para los colombianos. La embajada en Jerusalén quedará habilitada para prestar servicios consulares a ciudadanos que residan en Israel o que viajen a ese país por razones de turismo, negocios o peregrinación, algo relevante por los lazos religiosos y comerciales.
Para el Estado colombiano, la apertura de una sede diplomática en Jerusalén implica instalar personal, definir su funcionamiento y coordinar con las autoridades israelíes los aspectos logísticos del edificio. El costo y la planta de la nueva embajada dependerán de los acuerdos bilaterales que se hayan firmado.
La postura del gobierno ha generado reacciones divididas en el escenario internacional. Países que reconocen a Jerusalén como capital de Israel, como Estados Unidos, han aplaudido este tipo de traslados. En cambio, Estados de tradición árabe y varios organismos multilaterales suelen oponerse mientras no haya un acuerdo de paz que defina el estatus final de la ciudad.
En el debate interno colombiano, el traslado ha sido leído de distintas formas. Sectores que apoyan al gobierno de Abelardo de la Espriella lo presentan como una señal de pragmatismo y de renovación de lazos con Israel. Opositores y analistas de política exterior recuerdan los compromisos históricos con Palestina y advierten sobre el impacto en la política exterior del país.
Quedan preguntas abiertas sobre el alcance del giro. Aún no se conoce públicamente si el gobierno colombiano reconocerá a Jerusalén como capital de Israel, o si se trata solo de un cambio de ubicación de la embajada. Esa diferencia es clave: el reconocimiento pleno implica un salto diplomático de mayor profundidad que el simple traslado de sede.
En cualquier caso, la inauguración de este miércoles marca un antes y un después en la política exterior colombiana hacia Medio Oriente. Colombia se suma así al grupo reducido de países latinoamericanos con embajada en Jerusalén, y deja en evidencia el rumbo que el gobierno quiere imprimir a sus relaciones internacionales.
