El presidente Abelardo de La Espriella presidió la ceremonia de transmisión de mando de las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, según registró El Tiempo. El acto estuvo acompañado por los nuevos mandos militares y policiales que asumen la conducción operativa de la fuerza pública.
En su intervención, el mandatario afirmó que Colombia volverá a tener un Estado presente y que, en sus palabras, la farsa de la paz total terminó para siempre. La declaración marca un giro discursivo frente a la línea que la administración anterior había trazado en materia de seguridad y negociación con grupos armados.
El acto de transmisión de mando es un protocolo institucional en el que el comandante saliente entrega el cargo al sucesor ante el presidente de la República y las altas instancias del Estado. En esa ceremonia, el jefe de Estado suele fijar el tono de la política de defensa para el período que inicia.
De La Espriella ratificó además sus promesas de campaña en materia de seguridad, un compromiso que había sido eje de su propuesta electoral. La ratificación pública ante los nuevos comandantes busca alinear a la fuerza pública con los objetivos que el Gobierno se fijó durante la campaña.
La mención explícita al fin de la paz total tiene implicaciones para los procesos de diálogo y los acercamientos que se venían adelantando con distintas organizaciones armadas. Aún no se conocen los lineamientos oficiales sobre cómo se reconfigurarán esas mesas ni qué escenarios se abrirán para los grupos involucrados.
El encuentro con los nuevos mandos ocurre en un contexto de atención sobre indicadores de orden público, como los niveles de violencia, el control territorial en zonas rurales y la situación de seguridad en las principales ciudades. Las Fuerzas Militares y la Policía concentran la responsabilidad operativa sobre esos frentes.
El mensaje del presidente deja abiertas varias preguntas sobre la arquitectura institucional de la seguridad: la continuidad o ajustes en los ministerios de Defensa y del Interior, la relación con la Fiscalía y la Judicatura en la judicialización de organizaciones criminales, y el rol de las Fuerzas en la protección de líderes sociales y comunidades.
Por ahora, la transmisión de mando fija la postura política del nuevo Gobierno frente a la fuerza pública. Las decisiones operativas y presupuestales que se adopten en las próximas semanas permitirán medir el alcance real del giro anunciado por De La Espriella en su primera ceremonia de esta naturaleza.
