Según France 24, el presidente Abelardo de la Espriella dio a conocer el reconocimiento de la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, una meseta estratégica que Israel capturó a Siria en la guerra de 1967 y que se anexionó formalmente en 1981. La medida fue presentada como un golpe diplomático del nuevo gobierno colombiano en el escenario internacional.
Los Altos del Golán se ubican en la frontera entre Israel, Siria, Líbano y Jordania, y representan una franja de cerca de 1.800 kilómetros cuadrados. Desde la anexión unilateral declarada por Israel, la mayoría de la comunidad internacional ha considerado ese territorio como ocupado, y la postura tradicional de los organismos multilaterales, incluida la ONU, ha sido pedir su devolución a Siria.
Hasta ahora, el número de países que reconocen la soberanía israelí sobre esa zona es reducido. Estados Unidos lo hizo en 2019 bajo la presidencia de Donald Trump. Pocos Estados adicionales han dado ese paso en los años siguientes, lo que coloca la decisión de Colombia en un grupo minoritario dentro del derecho internacional vigente.
La posición histórica de Colombia en la materia había sido de no reconocimiento de la anexión, alineada con las resoluciones de la Asamblea General de la ONU. El cambio de postura, según la fuente, se inscribe dentro de la agenda exterior del gobierno de De la Espriella, que ha buscado un acercamiento explícito con Israel en materia política, comercial y de seguridad.
La decisión tiene implicaciones directas para la política exterior colombiana. Colombia mantiene relaciones diplomáticas con la mayoría de los países de Oriente Medio, incluida Siria, y es miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU en períodos anteriores. Reconocer la soberanía israelí sobre los Altos del Golán puede tensar los vínculos con Estados árabes y con el mundo musulmán, varios de los cuales son socios comerciales importantes, especialmente en el Golfo Pérsico.
En el plano interno, la medida abrió de inmediato el debate. Sectores de la oposición y voces académicas recordaron que Colombia mantiene una tradición de política exterior respetuosa del derecho internacional y de los principios de la Carta de la ONU, mientras que defensores del Ejecutivo sostienen que el reconocimiento se basa en el principio de autodeterminación y en la búsqueda de aliados estratégicos en Oriente Medio.
Para la ciudadanía, el anuncio todavía no trae cambios tangibles en servicios públicos ni en el bolsillo de los hogares. Sin embargo, redefine el mapa de alianzas externas del país. Las exportaciones agrícolas, la cooperación en seguridad y los flujos migratorios con naciones árabes quedan en observación, porque las relaciones diplomáticas influyen en el acceso a mercados y en el tratamiento de comunidades colombianas en el exterior.
El siguiente paso será observar cómo reaccionan Siria, Líbano, los países de la Liga Árabe y la propia Organización de las Naciones Unidas. También se espera que el Congreso colombiano cite al canciller para explicar los alcances jurídicos y políticos del reconocimiento, un procedimiento habitual cuando se producen giros significativos en la política exterior.
Por ahora, el reconocimiento queda como un hecho político de alto impacto. Su consolidación dependerá de los tratados bilaterales que se firmen, del lenguaje que se use en futuros foros multilaterales y de la respuesta de los socios históricos de Colombia en Oriente Medio.
