El presupuesto general de la nación presentado por el gobierno de Abelardo de la Espriella incluye una proyección según la cual la deuda pública del país alcanzará el 66,2% del Producto Interno Bruto en 2027. Se trata de la cifra más alta registrada en la serie histórica colombiana, según el análisis publicado por BBC News.
El documento, que constituye la base de la discusión presupuestal en el Congreso, traza una trayectoria ascendente del endeudamiento durante todo el cuatrienio. Cada año del periodo de gobierno contemplado en el Presupuesto General de la Nación muestra un saldo de deuda superior al del año anterior, lo que deja al ejecutivo entrante con un margen fiscal más estrecho.
Para entender la magnitud de la cifra conviene mirar el punto de partida. Colombia llegó al año 2024 con niveles históricos de deuda, derivados en buena parte del esfuerzo fiscal que exigió la pandemia y de las necesidades de financiamiento que surgieron en los años siguientes, marcados por la inflación, los choques externos y la presión sobre las finanzas territoriales.
La economía nacional enfrentó además una reforma tributaria reciente que buscó ampliar los ingresos del Estado. Aun con ese recaudo adicional, las metas de déficit y de deuda del Marco Fiscal de Mediano Pliego se trazaron con un horizonte de consolidación progresiva, pero el presupuesto de 2026 y las proyecciones que lo acompañan sugieren que ese proceso tomará más tiempo del previsto inicialmente.
Una deuda creciente implica efectos directos sobre la ciudadanía. Por un lado, una mayor porción del presupuesto nacional debe destinarse al servicio de la deuda, es decir, al pago de intereses y capital. Por otro lado, quedan menos recursos disponibles para inversión en sectores como salud, educación, infraestructura y programas sociales, dependiendo de las prioridades que fije cada vigencia.
Para los analistas consultados por BBC, el tamaño del desbalance también pone en discusión la calificación crediticia del país. Las agencias evaluadoras internacionales observan con atención la trayectoria del saldo y la composición de la deuda, pues de esas cifras depende el costo de futuros endeudamientos en los mercados internacionales y la percepción de riesgo sobre la economía colombiana.
El gobierno ha defendido el presupuesto como una herramienta para sostener la inversión social y avanzar en proyectos de infraestructura. Sectores políticos y económicos, en tanto, han cuestionado la sostenibilidad de las cifras y han pedido explicaciones sobre las fuentes de financiamiento previstas para los próximos cuatro años.
Quedan pendientes varios hitos legislativos. El Congreso deberá discutir y aprobar el presupuesto de la vigencia 2026 y, más adelante, evaluar las reformas tributarias o los ajustes al gasto que resulten necesarios para mantener la deuda dentro de los límites fijados por la regla fiscal.
La trayectoria proyectada convierte la gestión de la deuda en uno de los temas centrales del nuevo gobierno. Lo que se apruebe en los próximos meses, y los ajustes que se hagan en la ejecución anual del gasto, serán claves para verificar si la cifra del 66,2% se cumple tal como está prevista o si termina resultando mayor o menor.
