La influyente revista británica The Economist dedicó su primer balance a la semana inaugural del presidente Abelardo de la Espriella, un periodo sacudido por la emergencia derivada de un terremoto que afectó al país. El análisis de la publicación llega en un momento crítico, cuando el nuevo Gobierno enfrenta su primera crisis de gran escala a pocos días de asumir el poder.
Según lo reseñado por La Silla Vacía, el artículo de The Economist subraya que Abelardo pagó el precio de no contar con un empalme formal con la administración anterior. El empalme es el proceso mediante el cual un gobierno entrante recibe de uno saliente la información sobre el estado de las instituciones, los proyectos en curso y las contingencias activas. Sin ese traspaso, el nuevo equipo de Gobierno queda con menos herramientas para reaccionar ante imprevistos.
La ausencia de empalme suele ser un problema en transiciones de gobierno en Colombia, un país acostumbrado a relevos presidenciales cada cuatro años. Sin embargo, la falta de una transición ordenada adquiere una dimensión mayor cuando coincide con una emergencia nacional, como ocurrió con el terremoto que debió atender el nuevo Gobierno en sus primeros días.
La emergencia por el terremoto puso a prueba la capacidad de respuesta institucional. Los ciudadanos esperan que el Gobierno actúe con rapidez en tareas como la atención de damnificados, la evaluación de daños, la activación de fondos de emergencia y la coordinación con autoridades locales y regionales. Estos procesos requieren protocolos preestablecidos y personal informado, condiciones que dependen en buena medida de un empalme adecuado.
El análisis de The Economist se inscribe en una tradición de seguimiento riguroso que la revista hace de gobiernos y líderes en todo el mundo. Su mirada, aunque externa, suele pesar en círculos diplomáticos y financieros, y se convierte en referencia para evaluar la credibilidad y la estabilidad de las nuevas administraciones en América Latina.
Para el equipo de Abelardo, la advertencia llega en un momento en el que la opinión pública observa cómo se gestiona la emergencia. Las reacciones en redes sociales y medios colombianos han incluido voces que exigen más información sobre las ayudas y la presencia del Estado en las zonas afectadas, así como respaldos a la decisión de mantener la atención prioritaria en la emergencia.
El artículo también reabre un debate sobre la necesidad de regular por ley los procesos de empalme en Colombia. Aunque existen prácticas informales, no hay una norma que obligue a entregar documentación clave sobre contratos vigentes, proyectos de infraestructura y planes de contingencia. Esa ausencia legislativa deja a cada transición a merced de la voluntad política del gobierno saliente.
En lo inmediato, queda por verse si el Gobierno de Abelardo logra estabilizar la atención de la emergencia y, al mismo tiempo, instalar su propio equipo y agenda. The Economist volverá a evaluar el desempeño del nuevo Ejecutivo en próximas ediciones, según la práctica usual de la revista con las nuevas administraciones.
Por ahora, el balance que hace The Economist deja una lección clara para el país: las crisis no avisan y las instituciones deben estar preparadas antes de que comience cualquier gobierno. El terremoto que enfrentó Abelardo en su primera semana sirvió para recordar que la continuidad del Estado no puede depender de la buena suerte.
