El presidente electo Abelardo de la Espriella anunció este domingo, en lo que ya se perfila como su espacio habitual de diálogo con los ciudadanos, el cierre de 17 embajadas de Colombia en el mundo. La decisión se inscribe en la política de austeridad que el nuevo gobierno ha venido planteando desde la campaña.
Colombia mantiene actualmente representaciones diplomáticas en cerca de un centenar de países. Una embajada implica costos fijos como arrendamiento de la sede, sueldos del personal diplomático y administrativo, servicios públicos, seguridad y mantenimiento. Reducir 17 de esas sedes representaría un ajuste significativo en la estructura del Ministerio de Relaciones Exteriores.
El ahorro exacto depende de variables que el anuncio no ha detallado: el costo varía según la ciudad donde funciona cada embajada, el tamaño de la planta de personal y los compromisos contractuales vigentes. Embajadas en ciudades como Washington, Bruselas o Beijing suelen tener presupuestos muy superiores a las ubicadas en capitales más pequeñas.
La Cancillería es la entidad encargada de ejecutar este tipo de decisiones. En gobiernos anteriores, el cierre de sedes diplomáticas ha requerido un proceso que incluye la liquidación de contratos, el traslado o reubicación del personal y la notificación a los países receptores, conforme a los Convenios de Viena sobre Relaciones Diplomáticas.
Para los connacionales que viven en los países donde se cerrarían embajadas, la medida implica cambios en los servicios consulares. Los trámites de pasaporte, visas y registros civiles pasarían a atenderse desde otras representaciones o mediante mecanismos virtuales, lo que podría afectar los tiempos de respuesta y la atención presencial.
En materia comercial, las embajadas cumplen funciones de promoción de exportaciones, atracción de inversión y seguimiento de acuerdos comerciales. Sectores exportadores consultados en ocasiones anteriores han expresado que el cierre de sedes en mercados estratégicos puede reducir el acompañamiento institucional a los empresarios.
El anuncio también abre el debate sobre el equilibrio entre austeridad fiscal y presencia internacional. Colombia es parte de organismos multilaterales y mantiene relaciones bilaterales que requieren interlocución permanente, más allá de las misiones diplomáticas formales.
Desde la campaña, Abelardo de la Espriella planteó la reducción del tamaño del Estado como uno de los ejes de su programa. El cierre de embajadas se presenta como una de las primeras medidas concretas en esa dirección, aunque la cifra definitiva de ahorro dependerá del estudio técnico que el nuevo gobierno presente.
Falta por conocer el listado de las 17 sedes que se cerrarían, el cronograma de implementación y los criterios con los que se seleccionaron. También está pendiente la articulación con el Congreso, pues algunas decisiones de política exterior requieren control político.
Por ahora, el anuncio marca el tono de la política exterior del gobierno que asumirá en los próximos meses: una diplomacia más reducida en su aparato físico, enfocada según el nuevo gobierno en prioridades de inversión y comercio.
