El presidente Abelardo de la Espriella implementó un esquema de comunicación en el que ningún miembro de su gabinete puede hablar en público sin el visto bueno de la Casa de Nariño. La orden alcanza a ruedas de prensa, entrevistas y cualquier pronunciamiento ante medios de comunicación, según reveló EL PAÍS en una publicación reciente.
La directriz marca un giro en el manejo de la vocería oficial durante los primeros meses de gobierno. El esquema pone a la oficina de prensa presidencial como único filtro entre los ministros y los periodistas, lo que reduce los canales directos que existían en administraciones anteriores para que los titulares de cada cartera explicaran sus decisiones.
La instrucción incluye, además, un seguimiento específico a las apariciones en medios considerados afines al Gobierno. De acuerdo con el reporte de EL PAÍS, existe una atención especial al trato con esos medios, a los que se busca privilegiar como vía de difusión de la gestión oficial.
En la práctica, cada solicitud de entrevista o conferencia de prensa debe pasar por la Casa de Nariño, que evalúa el medio, el tema y el momento. El proceso busca alinear los mensajes ministeriales con la línea política del presidente y evitar declaraciones que contradigan la posición del Ejecutivo.
La medida ocurre en un contexto donde los gabinetes suelen tener voceros permanentes para explicar políticas técnicas en sectores como salud, economía o seguridad. Al concentrar la palabra en la Presidencia, el Gobierno de De la Espriella asume un control más estricto sobre la narrativa oficial y reduce la autonomía informativa de los ministerios.
Sectores del periodismo y de la oposición han señalado que este tipo de esquemas limita la transparencia y dificulta el acceso a la información. La concentración de la vocería también restringe la posibilidad de contrastar versiones o de obtener datos técnicos directamente de los responsables de cada cartera.
Dentro del Gobierno, la disposición ha sido interpretada como un mensaje de unidad interna y de disciplina política. La Presidencia busca evitar filtraciones y contradicciones, en especial en un inicio de mandato donde se definen prioridades y se negocian apoyos en el Congreso.
Quedan por verse los efectos de la medida en la relación con medios regionales, que suelen depender de entrevistas ministeriales para informar sobre obras y programas locales. También está pendiente cómo se gestionarán crisis informativas en sectores sensibles, donde la respuesta oportuna de un ministro puede ser determinante.
Por ahora, la directriz define el tono de la comunicación oficial: una sola voz desde la Casa de Nariño, con prioridades claras y criterios selectivos sobre a quiénes y a través de qué medios se transmite la información del Gobierno de De la Espriella.
