El presidente electo Abelardo de la Espriella informó que durante su gobierno funcionará un Comité de Sabios, según reportó El Colombiano. Se trata de un grupo de personalidades convocadas para asesorar al Ejecutivo en temas de trascendencia para el país. La figura, aunque poco frecuente, tiene antecedentes claros en la historia institucional colombiana.
Colombia ya implementó un Comité de Sabios en dos ocasiones previas. La experiencia más recordada fue la de 1995, cuando el gobierno de Ernesto Samper creó una Comisión de expertos para evaluar la reforma al sistema de seguridad social. Años después, en 2010, durante el primer año del gobierno de Juan Manuel Santos, se conformó una Comisión de Sabios para analizar la situación del sector agropecuario y proponer una política de Estado para el campo.
En ambos casos, la función central de estos comités fue producir diagnósticos y recomendaciones de política pública en sectores considerados estratégicos. Sus integrantes suelen ser académicos, exministros, investigadores y líderes gremiales con trayectoria reconocida en sus campos. Los informes entregados al presidente no tienen carácter vinculante, pero suelen servir como insumo para proyectos de ley o reformas ministeriales.
La creación de un nuevo Comité de Sabios en el gobierno de De la Espriella se inscribe en una tradición que mezcla la consulta técnica con la búsqueda de legitimidad política. Al rodearse de figuras respetadas en distintos ámbitos, un presidente puede abrir frentes de discusión que de otra manera quedarían restringidos al gabinete. El mecanismo también permite incorporar voces externas sin comprometer la línea del Ejecutivo.
En la práctica, el alcance real de un Comité de Sabios depende de tres factores: la calidad de sus integrantes, la independencia con que trabajen y la disposición del gobierno para acoger sus recomendaciones. Hay experiencias en las que los informes finales quedaron archivados y otras en las que derivaron en proyectos concretos. El contraste entre unos y otros casos suele alimentar el escepticismo ciudadano sobre este tipo de figuras.
El anuncio de De la Espriella se produce en una etapa de transición, cuando el gobierno entrante define su equipo y su hoja de ruta. Integrar un comité consultivo en esa fase puede servir para anticipar debates legislativos o para construir consensos en torno a reformas que el Ejecutivo planea impulsar. El reto, señalan analistas, es que las recomendaciones no se conviertan en un ejercicio meramente simbólico.
La decisión también llega en un contexto de desconfianza generalizada hacia las instituciones. Sectores políticos y académicos han pedido en los últimos años mecanismos más transparentes de participación en la formulación de políticas públicas. Un Comité de Sabios, bien diseñado, podría responder a esa demanda, siempre que sus sesiones, integrantes y conclusiones se hagan públicos.
Por ahora, el gobierno electo no ha detallado el número de integrantes, los temas específicos que abordará el comité ni la fecha de instalación. El Colombiano señala que el anuncio abre preguntas sobre la composición, la agenda y el carácter vinculante de las recomendaciones. Esos detalles serán clave para medir la profundidad del compromiso del nuevo gobierno con este tipo de asesoría.
La ciudadanía seguirá de cerca cómo se concreta el anuncio. Si el Comité logra producir propuestas serias y el Ejecutivo las toma en serio, podría convertirse en un instrumento útil para el país. Si queda en una declaratoria sin continuidad, se sumará a la larga lista de comisiones que no pasaron del papel. La diferencia, como ha mostrado la historia reciente, está en el seguimiento.
