El Gobierno nacional confirmó la salida de Ricardo Valencia de la dirección del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, según reportó Cambio. La noticia cierra un ciclo de poco más de un mes al frente de la entidad, una de las más sensibles del Estado por su papel como productora de cifras oficiales sobre economía, pobreza, empleo y población.
La administración del Dane recae en un director de libre nombramiento y remoción, figura prevista en la ley para los cargos de manejo y confianza. En la práctica, esto significa que el presidente de la República puede declararlo insubsistente en cualquier momento y sin necesidad de motivar la decisión. Esa facultad legal, sin embargo, no aparta el hecho de que el Dane requiere continuidad técnica para mantener la credibilidad de sus estadísticas.
El paso de Valencia por el Dane estuvo marcado por una polémica relacionada con una orden presidencial, según señala Cambio. El cruce entre directrices del Ejecutivo y la autonomía técnica del Dane suele tensar la relación entre el Gobierno y los productores de estadística, especialmente cuando están en marcha operativos como las mediciones de pobreza, las cuentas nacionales o las encuestas de mercado laboral.
El Dane es la entidad encargada de producir las estadísticas oficiales del país, entre ellas el Índice de Precios al Consumidor, las cifras de desempleo, los resultados del censo de población y los índices de pobreza monetaria y multidimensional. Su director debe responder ante el público por la calidad, la oportunidad y la transparencia de esos datos, que son insumos para política pública, decisiones de inversión privada y reportes de organismos internacionales.
Una salida tan temprana del director, a pocas semanas de su posesión, reabre un debate recurrente sobre la rotación de altos funcionarios en entidades técnicas. Sectores académicos y gremios suelen advertir que los relevos frecuentes afectan la continuidad de los operativos estadísticos y la relación con equipos técnicos que conocen procesos que tardan años en consolidarse, como los censos o las encuestas de hogares.
Por ahora, el Gobierno no ha anunciado de manera pública quién asumirá la dirección del Dane de forma definitiva. Mientras tanto, la entidad enfrenta el reto de mantener en marcha sus publicaciones regulares y responder por la calidad técnica de las cifras, en un momento en el que la discusión pública sobre la transparencia de los datos oficiales sigue activa en el país.
La decisión se conoce en un contexto de creciente atención sobre la producción estadística nacional, con cuestionamientos de diverso origen sobre la oportunidad y la metodología de las cifras oficiales. Lo que ocurra en la sucesión del director será observado por analistas, periodistas y organismos de control como una señal sobre la prioridad que la administración le otorga a la estabilidad técnica del Dane.
