Según Bloomberg Línea, Abelardo de la Espriella ganó las elecciones presentándose como un outsider, alguien que nunca hizo parte de la casta política tradicional. Ese relato fue uno de los ejes de su campaña y lo diferenció de los demás candidatos con trayectoria en partidos.
La victoria lo obliga ahora a un giro práctico. Sin bancada propia en el Legislativo, el nuevo gobierno necesita acuerdos con las colectividades que ya operan en el Congreso para que sus proyectos pasen la prueba de las comisiones y las plenarias.
En Colombia, las reformas estructurales, como las tributarias, las de salud o las pensionales, requieren mayorías en ambas cámaras. Cuando el presidente llega sin partido, el margen de maniobra depende casi por completo de la habilidad para negociar con los líderes de los movimientos existentes.
La campaña de De la Espriella se apoyó en la promesa de enfrentar a los mismos partidos que ahora podrían ser sus interlocutores. Esa distancia forma parte del capital político que llevó al electorado a votar por él, pero también fija expectativas altas sobre un gobierno que actúe distinto.
Expertos consultados por medios internacionales suelen recordar que ningún presidente colombiano, ni siquiera los más populares, ha gobernado sin ceder en al menos una parte de su agenda original. La negociación con el Congreso suele comenzar con los nombramientos ministeriales y con los debates de las primeras leyes del periodo.
El artículo de Bloomberg Línea describe la paradoja de un dirigente que hizo de su distancia con la política tradicional su mayor fortaleza electoral. El medio sostiene que, una vez electo, deberá tender puentes con esa misma política tradicional para asegurar gobernabilidad.
La tarea inmediata será conformar un gabinete que sirva de puente con el Legislativo. Los nombres que se anuncien en las carteras de Hacienda, Interior y Defensa serán señales tempranas del tipo de alianza que el nuevo presidente buscará con los partidos con representación parlamentaria.
En paralelo, el gobierno entrante debe preparar su primer paquete legislativo. La forma como se radique y se discuta ese primer proyecto mostrará si la estrategia es de choque frontal contra los partidos tradicionales o de búsqueda de consensos desde el primer día.
La oposición, tanto de izquierda como de derecha, ya está reorganizada y espera los primeros movimientos del nuevo Ejecutivo para definir su actitud. En el pasado, los gobiernos sin mayorías han visto frenadas reformas emblemáticas por la falta de acuerdos tempranos.
Queda por verse si De la Espriella convierte su origen outsider en una ventaja para negociar, presentándose como alguien distinto, o si esa misma etiqueta termina limitándolo en un sistema diseñado para los acuerdos entre partidos.
