El presidente Abelardo de la Espriella entregó el primer balance oficial de la lucha contra las drogas desde el inicio de su mandato. En su declaración, recogida por La FM, comparó el narcotráfico con un cáncer sobre el cuerpo nacional y sostuvo que ese flagelo no admite contemplaciones, sino acciones decididas para extirparlo.
La expresión fue directa. El jefe de Estado afirmó: “La droga es el peor cáncer de Colombia. Y al cáncer no se le contempla: se le extirpa”. Con esa frase buscó fijar el tono de la política que su administración pretende aplicar frente a las organizaciones dedicadas al tráfico de sustancias ilícitas.
Colombia arrastra décadas de lucha contra el narcotráfico, una problemática que ha involucrado a sucesivos gobiernos, a las Fuerzas Militares y a la Policía Nacional, y que ha tenido repercusiones en la seguridad, la economía y las relaciones internacionales del país. El nuevo balance se presenta como un primer corte de cuentas tras el arranque del actual periodo presidencial.
El tema es sensible para la ciudadanía. Las zonas cocaleras, los corredores de transporte y los puertos marítimos han sido históricamente los puntos más afectados por esta actividad, y la población rural suele soportar las consecuencias humanitarias y de orden público derivadas del conflicto ligado al narcotráfico.
La metáfora médica empleada por De La Espriella no es nueva en la retórica presidencial colombiana. Otros mandatarios también han descrito el narcotráfico como una amenaza equivalente a un tumor social, un recurso discursivo que suele emplearse para justificar operativos de gran escala o reformas legales en la materia.
Desde el Gobierno se ha señalado que la estrategia combina acciones de fuerza pública con programas de sustitución de cultivos y cooperación internacional. Sin embargo, el extracto publicado por La FM no detalla cifras, resultados específicos ni metas concretas, por lo que el alcance exacto del balance aún está por conocerse de manera más amplia.
La oposición y los expertos en política de drogas suelen reaccionar a este tipo de anuncios pidiendo datos verificables, como toneladas decomisadas, hectáreas erradicadas, laboratorios desmantelados o capturas de cabecillas de estructuras criminales. Esos indicadores suelen ser la vara con la que se mide la eficacia de cualquier plan antinarcóticos.
Para los ciudadanos, la expectativa es que las medidas anunciadas se traduzcan en mejoras de seguridad en los municipios más golpeados por el negocio ilícito, donde las comunidades han reclamado durante años presencia institucional efectiva y protección frente a los grupos armados que controlan la producción y el transporte de droga.
Queda por ver cómo se complementa este balance con las próximas decisiones del Ejecutivo en materia de seguridad y con el papel que jugarán la Fuerza Pública, la Fiscalía y los organismos de inteligencia en la llamada “extirpación” del narcotráfico a la que se refirió el presidente en su declaración.
La FM reportó el pronunciamiento presidencial y sirvió de fuente para esta nota. A partir de esa declaración, el Gobierno deberá precisar en los próximos días las acciones, plazos y resultados que respaldarán la política antinarcóticos durante el resto del mandato.
