El presidente Abelardo de La Espriella lidera el examen de un proyecto de largo plazo que busca transformar los Llanos Orientales en un motor agroindustrial del país. Según Portafolio, la idea es diseñar un plan a veinte años con cobertura de dos millones de hectáreas y acompañamiento de inversionistas privados y el Banco Interamericano de Desarrollo.
El equipo de trabajo del presidente conversa con esos aliados para delinear metas concretas. Aunque los detalles técnicos aún se ajustan, el propósito central es replicar, a escala local, condiciones que hicieron de Mato Grosso uno de los principales graneros de Brasil. La referencia no es menor, porque ese estado brasileño pasó en pocas décadas de una economía de baja productividad a liderar exportaciones globales de soya, maíz y algodón.
En Colombia, los Llanos Orientales suman más de 26 millones de hectáreas y representan cerca de una cuarta parte del territorio nacional. La región, históricamente dedicada a la ganadería extensiva, enfrenta hoy el reto de elevar su productividad por hectárea sin deteriorar los ecosistemas de sabana y bosque de galería que la caracterizan.
El plan contempla la llegada de capital privado internacional y crédito de banca multilateral. Esa combinación, según los analistas consultados por Portafolio, permitiría financiar infraestructura vial, distritos de riego y plantas de procesamiento, piezas que hoy limitan la salida de productos desde la Orinoquia a los puertos del Caribe y del Pacífico.
Más allá del componente productivo, la iniciativa abre preguntas sobre ordenamiento territorial, derechos de comunidades campesinas y protección de áreas ambientalmente estratégicas. Cualquier intervención a gran escala en la Orinoquia exige conciliar proyectos agroindustriales con la normativa ambiental vigente y con los planes de vida de pueblos como los Sikuani, Cuiba y Piapoco, presentes en la región.
Para los Llanos, una transformación de este tipo tendría efectos en empleo, ingreso por habitante y migración interna. Departamentos como Meta, Casanare, Arauca y Vichada concentran la mayor cantidad de tierra disponible, pero también registran índices de pobreza multidimensional superiores al promedio nacional, según reportes oficiales del DANE.
La participación del BID no se limita al crédito. El organismo multilateral suele exigir estudios de impacto ambiental y social, así como esquemas de consulta previa con comunidades. Esos requisitos podrían extender los plazos del proyecto, pero también darle sostenibilidad política y jurídica en el largo plazo.
Por ahora, el plan está en fase exploratoria. No se conocen montos de inversión estimados, calendario de ejecución ni los cultivos específicos que se priorizarían. Portafolio indica que el propósito es sentar las bases para una discusión pública sobre el futuro productivo de los Llanos.
El siguiente paso inmediato será la socialización interna de los hallazgos, antes de presentar una propuesta formal al Congreso o a las corporaciones autónomas regionales. Mientras tanto, el debate sobre si Colombia debe apostarle a una Orinoquia más intensiva en producción sigue abierto entre gremios, ambientalistas y líderes locales.
