El presidente Abelardo De la Espriella se refirió públicamente a las cuatro líneas del Metro de Bogotá y expuso una visión de conjunto para el sistema, según reportó Pulzo. La declaración puso sobre la mesa un cronograma y unas prioridades que llevaban meses sin un pronunciamiento claro de la Casa de Nariño.
El Metro de Bogotá es la obra de infraestructura más ambiciosa en la historia de la ciudad. La primera línea, en construcción desde 2019, atraviesa el suroccidente y el centro, con una extensión cercana a 24 kilómetros y 16 estaciones proyectadas. Su entrada en operación se ha postergado varias veces por ajustes técnicos, prediales y financieros.
Las líneas 2 y 3 fueron planteadas en estudios previos de la Empresa Metro de Bogotá. La línea 2 buscaría conectar el sur con el norte a lo largo de la carrera Séptima, mientras que la línea 3 serviría a la zona occidente de la ciudad. Una cuarta línea, todavía en fase de estudios, completaría la red proyectada para cubrir las principales corredores de demanda de pasajeros.
Bogotá moviliza cerca de 11 millones de viajes al día en transporte público, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Movilidad. El sistema TransMilenio, con sus troncales y buses articulados, opera al límite de su capacidad en horas pico. El Metro se concibe como el eje que reorganice esa demanda y reduzca los tiempos de desplazamiento.
Durante el anuncio, el presidente también mencionó otros proyectos para la ciudad, aunque Pulzo no detalla cuáles. La mención sugiere que el Gobierno nacional busca articular el Metro con intervenciones complementarias, como la red de cables aéreos, las troncales de TransMilenio pendientes y planes de renovación urbana en zonas como el centro y el corredor de la Séptima.
La financiación del sistema Metro depende de vigencias futuras del Distrito y aportes de la Nación. El avance de las obras de la primera línea se ha financiado con recursos del cupo de endeudamiento aprobado por el Concejo de Bogotá y con transferencias del orden nacional. Definir las líneas adicionales implica acordar nuevas fuentes y cronogramas plurianuales.
Sectores empresariales y usuarios de transporte han pedido celeridad. Constructores y operadores han advertido que los atrasos encarecen los contratos. Los usuarios, por su parte, soportan trancones que cuestan horas a la semana y elevan los costos logísticos de la ciudad. La promesa de un plan para las cuatro líneas apunta a ordenar esa presión.
En el ámbito político, la obra enfrenta el reto de mantener el respaldo fiscal y técnico más allá de un solo periodo presidencial. Los anuncios del jefe de Estado comprometen al Gobierno con hitos verificables: fechas de inicio de obra, licitaciones, adjudicaciones y pruebas de operación. La ciudadanía podrá medir el cumplimiento en esos hitos.
Pulzo destacó que el pronunciamiento presidencial abre una nueva etapa de expectativa sobre el Metro. Queda pendiente conocer el detalle técnico de las cuatro líneas, los plazos por etapa y los mecanismos de seguimiento. La próxima rendición de cuentas sobre avances y recursos será la primera prueba de la viabilidad del plan.
