El presidente Abelardo de la Espriella anunció su intención de eliminar la Consejería Presidencial para la Paz, dependencia que venía articulando los diálogos y acercamientos con grupos armados y estructuras criminales en Colombia. La propuesta marca un giro en la arquitectura institucional dedicada al manejo de los conflictos internos del país.
Según reportó el medio Ámbito, la postura del mandatario surge tras naufragar las negociaciones directas que había impulsado el Ejecutivo anterior. Esas conversaciones se centraron en conseguir que bandas criminales con influencia en distintos territorios entregaran sus fusiles, una iniciativa que no logró los resultados esperados por el gobierno saliente.
La Consejería Presidencial para la Paz fue creada como una dependencia adscrita al despacho presidencial, con la misión de coordinar la política de paz, el seguimiento a los procesos de diálogo y la implementación de los acuerdos firmados con grupos armados. Su eliminación implicaría una restructuración profunda de la forma en que el Gobierno Nacional aborda la conflictividad armada.
Expertos en política de paz consultados en ocasiones anteriores han señalado que la supresión de este tipo de oficinas tiende a debilitar el seguimiento técnico a los compromisos adquiridos en los procesos de desarme, así como la interlocución con las comunidades afectadas por la violencia en regiones históricamente golpeadas por el conflicto.
La decisión se conoce en un contexto donde distintas estructuras armadas, entre ellas bandas criminales y disidencias de antiguos grupos guerrilleros, mantienen presencia en zonas estratégicas del país. El debilitamiento de los canales de diálogo podría modificar las dinámicas territoriales y la seguridad en municipios donde el Estado ha dependido de mediadores institucionales.
Sectores políticos y sociales han reaccionado de manera diversa ante anuncios similares en el pasado. Mientras algunas voces celebran un cambio de enfoque centrado en la fuerza pública, organizaciones de víctimas y defensores de derechos humanos suelen advertir sobre los riesgos de cerrar espacios de negociación sin alternativas claras.
Por ahora, el Gobierno Nacional no ha detallado el mecanismo mediante el cual se suprimiría la Consejería ni el destino de los funcionarios y procesos que actualmente dependen de esa oficina. Tampoco se ha precisado qué entidad asumiría las funciones relacionadas con los acuerdos vigentes o con las conversaciones que aún se encuentran abiertas.
El anuncio genera expectativa sobre el rumbo que tomará la política de seguridad y paz durante la administración de De la Espriella, en especial frente a la estrategia que reemplazará las fallidas negociaciones con bandas criminales que pretendían entregar sus armas de fuego.
