El presidente Abelardo de la Espriella anunció una ofensiva directa contra los préstamos informales que se conocen en Colombia como gota a gota. La declaración fue recogida por el portal Aldia.co, que tituló la noticia con la frase atribuida al mandatario: "Hay que acabar con esta nueva forma de esclavitud".
El llamado del jefe de Estado pone en el centro del debate a un fenómeno financiero que opera por fuera del sistema bancario. El gota a gota consiste en el otorgamiento de créditos rápidos, generalmente de pequeñas sumas, por parte de personas naturales que cobran intereses diarios o semanales y que, en muchos casos, recurren a la intimidación para garantizar el pago.
De la Espriella sostuvo que millones de colombianos estarían atrapados en ese circuito de crédito informal. La cifra no fue detallada en el extracto de la fuente, pero la magnitud invocada por el presidente da cuenta de la preocupación del Gobierno por el alcance del problema en distintos estratos sociales y regiones del país.
La caracterización del fenómeno como una nueva forma de esclavitud no es nueva en el debate público colombiano. Organizaciones sociales, defensores de derechos humanos y autoridades judiciales han advertido durante años sobre las condiciones de servidumbre que imponen algunos prestamistas, que van desde el control del horario y los ingresos del deudor hasta amenazas y violencia física.
El anuncio se produce en un contexto económico en el que amplios sectores de la población recurren a fuentes de financiamiento distintas a los bancos. La bancarización, aunque ha crecido, todavía deja por fuera a trabajadores informales, migrantes y habitantes de zonas apartadas, lo que alimenta la demanda de créditos por canales no regulados.
Desde el punto de vista institucional, el combate al gota a gota suele involucrar a la Policía, la Fiscalía y la Superintendencia Financiera. Sin embargo, la persecución penal enfrenta dificultades cuando los préstamos se pactan verbalmente y sin dejar rastro documental, lo que dificulta la tipificación de delitos como usura o extorsión.
La ofensiva anunciada por el presidente todavía no tiene plazos, mecanismos específicos ni presupuesto asignado en la información publicada por la fuente. Queda por definirse si se tratará de operativos focalizados, campañas de educación financiera, reformas regulatorias o una combinación de estas herramientas.
Para los ciudadanos, el impacto de cualquier medida contra el gota a gota dependerá de la oferta alternativa de crédito formal. Si las familias vulnerables no acceden a préstamos bancarios en condiciones razonables, el riesgo es que el fenómeno se desplace a nuevas modalidades o quede en manos de estructuras aún más difíciles de controlar.
La declaración presidencial abre así un capítulo de la agenda del Gobierno que probablemente será seguido de cerca por gremios financieros, organizaciones de consumidores y entidades de control, atentos a los anuncios concretos que traduzcan el discurso en acciones verificables.
