El presidente electo Abelardo de la Espriella reafirmó su intención de cortar toda relación diplomática con Cuba una vez se posesione. La declaración, recogida por el diario El País, se produce en un momento de alta sensibilidad política, a pocos días del inicio de su mandato.
De forma simultánea, el presidente saliente Gustavo Petro viajó a La Habana en lo que se presenta como un gesto de solidaridad con la isla. Según la misma fuente, De la Espriella describió el viaje como una visita a un Gobierno extranjero, y no como una acción en defensa de los intereses colombianos.
El episodio ocurre cuando se cumplen diez años de la firma del Acuerdo de Paz entre el Estado colombiano y las FARC, proceso en el cual Cuba actuó como garante junto con Noruega. Ese rol histórico le dio a La Habana un lugar central en la política de paz colombiana durante la última década.
Para el gobierno entrante, la relación con Cuba debe revisarse de manera integral. La postura de De la Espriella sugiere un giro en la política exterior, alejándose del acompañamiento que el país mantuvo con la isla durante las negociaciones y la implementación de los acuerdos.
La decisión de romper vínculos diplomático implicaría el cierre o la reducción de la embajada en La Habana, la retirada del personal diplomático y la suspensión de los acuerdos bilaterales vigentes. También afectaría la cooperación consular y los servicios que el Estado colombiano presta a los connacionales en la isla.
El contraste entre ambos mandatarios es notorio. Mientras Petro viaja a Cuba, De la Espriella anticipa el fin de la relación bilateral. La foto de los dos gestos opuestos marca el cierre de un ciclo político y el inicio de otro con una orientación distinta en materia internacional.
Desde la óptica del gobierno electo, la visita de Petro a La Habana no representa los intereses de Colombia. Esa lectura alimenta la narrativa de un quiebre inmediato con la isla y refuerza el discurso de campaña que el propio De la Espriella sostuvo en las últimas semanas.
La comunidad colombiana residente en Cuba, así como los estudiantes y pacientes que han viajado a la isla por motivos de salud o formación, podrían verse afectados por un eventual rompimiento. Los acuerdos de cooperación académica y médica han sido durante años una vía de movilidad para cientos de ciudadanos.
En el plano regional, la decisión también tendría reperciones. Cuba mantiene relaciones con varios Gobiernos de izquierda en América Latina, y un rompimiento con Bogotá podría interpretarse como un mensaje político más amplio dentro de la región.
Por ahora, el cronograma de De la Espriella señala que las medidas concretas se conocerán después de la posesión. Mientras tanto, la visita de Petro a La Habana se desarrolla en medio de un escenario de transición y de fuertes declaraciones cruzadas.
