El nominado a embajador de Estados Unidos en Bogotá, Nate Morris, aseguró este miércoles que el presidente colombiano Abelardo de La Espriella adoptará la decisión de retirar al país de la iniciativa china de la Ruta de la Seda, según informó el medio Zona Cero. La declaración se produjo en un contexto de acercamiento diplomático entre Bogotá y Washington, marcado por el intercambio de designaciones diplomáticas y por el interés estadounidense en reducir la presencia económica de Pekín en su aliado suramericano.
La Ruta de la Seda, también conocida como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, es un programa lanzado por el gobierno chino en 2013 para financiar y construir proyectos de infraestructura en más de 140 países. Su objetivo declarado es conectar China con Europa, África y América Latina mediante puertos, vías férreas, carreteras y corredores digitales. Colombia se adhirió formalmente a esta iniciativa durante el gobierno de Iván Duque, en 2019, mediante una carta de intención que abrió la puerta a inversiones chinas en proyectos de transporte y energía.
La posible salida de Colombia del mecanismo chino tendría implicaciones en frentes comerciales, financieros y diplomáticos. Empresas chinas como Harbour Energy y varias firmas de construcción habían expresado interés en obras de infraestructura en el país, particularmente en la región Caribe y en los proyectos ferroviarios del Pacífico. La retirada cerraría ese canal de cooperación y abriría un espacio para una mayor presencia de inversión estadounidense en sectores estratégicos como puertos, vías y telecomunicaciones.
Para Estados Unidos, el anuncio representa un avance en su política de contención económica frente a China en América Latina, una región donde Pekín ha incrementado su influencia mediante préstamos, contratos de infraestructura y acuerdos mineros. La administración estadounidense ha pedido a sus aliados hemisféricos que evalúen el costo geopolítico de su participación en la Ruta de la Seda, argumentando que esos acuerdos pueden comprometer la soberanía de los países firmantes.
En el plano interno, la decisión todavía no ha sido confirmada por un comunicado oficial de la Casa de Nariño ni por el Ministerio de Relaciones Exteriores colombiano. Hasta el momento, la única fuente de la afirmación es la declaración del nominado a embajador, recogida por Zona Cero. Ese vacío entre el anuncio externo y la confirmación oficial genera dudas sobre el momento y la forma en que se materializaría el retiro.
El antecedente más cercano de un giro diplomático de esta naturaleza se produjo en 2023, cuando Panamá congeló su participación en la Ruta de la Seda tras reuniones con funcionarios estadounidenses. En el caso colombiano, la decisión tendría un peso mayor por la extensión de la frontera comercial y la importancia del comercio bilateral con China, que en los últimos años se convirtió en uno de los principales socios comerciales del país en Asia.
Sectores académicos y gremiales han planteado que un retiro abrupto podría afectar proyectos en etapa de evaluación, como los relacionados con la modernización del corredor ferroviario del Pacífico y la posible ampliación del puerto de Buenaventura. También han señalado la necesidad de que el gobierno colombiano presente un plan de transición que reemplace las fuentes de financiamiento asiáticas por alternativas de cooperación multilateral, inversión privada o créditos de bancos de desarrollo occidentales.
Para la ciudadanía, el impacto más visible se dará en el mediano plazo, si las inversiones chinas no son sustituidas por proyectos equivalentes. Regiones como el Caribe colombiano, históricamente receptoras de capital asiático, podrían ver cambios en la dinámica de empleo y en la ejecución de obras públicas. Mientras tanto, el proceso de confirmación del embajador Nate Morris ante el Senado de Estados Unidos sigue su curso, y su llegada a Bogotá podría convertirse en el escenario formal donde se ratifique el anuncio.
