El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, habría tomado el control de Ecopetrol al colocar a su cercano Joaquín Gutiérrez como presidente de la compañía, después de ubicar a su estratega en la junta directiva, según reportó EL PAÍS. El movimiento se concretó en un momento en que la petrolera enfrenta debates sobre su rumbo comercial y su papel en la transición energética.
Ecopetrol es la empresa más grande de Colombia por activos, ingresos y número de empleados. Su participación en la producción nacional de petróleo y gas, así como en la refinación y el transporte de hidrocarburos, la convierte en una pieza central de la economía. Cualquier cambio en su junta directiva y en su presidencia suele tener repercusiones en los mercados, en las regiones donde opera y en las finanzas públicas, dado que el Estado es su accionista mayoritario.
La llegada de Gutiérrez a la presidencia de la empresa se produjo tras la designación de un cercano al mandatario como miembro de la junta directiva. La secuencia descrita por EL PAÍS sugiere que el Ejecutivo buscó primero asegurarse una cuota en el órgano de gobierno corporativo para luego facilitar la elección del nuevo presidente. En empresas de este tamaño, la composición de la junta es clave, porque aprueba los planes de inversión y nombra al representante legal.
El hecho reabre el debate sobre el grado de injerencia política en las decisiones de las empresas estatales en Colombia. Aunque el Gobierno, como accionista mayoritario, tiene injerencia en el gobierno corporativo de Ecopetrol, nombramientos como los descritos suelen generar dudas sobre la independencia técnica de la administración y sobre los criterios de selección de los altos ejecutivos. Sectores gremiales, académicos y de control suelen seguir de cerca este tipo de movimientos.
Para los ciudadanos, el impacto de una nueva dirección en Ecopetrol puede sentirse en el precio de los combustibles, en la ejecución de proyectos de exploración y producción, en los dividendos que recibe la Nación y en la continuidad de programas sociales financiados con esos recursos. La empresa también es un empleador de gran tamaño en varias regiones, por lo que los cambios en su cúpula pueden incidir en el empleo y en la contratación de proveedores locales.
EL PAÍS no detalla en el extracto reacciones de otros miembros de la junta directiva, de los gremios del sector ni de los partidos de oposición. Tampoco se mencionan pronunciamientos de organismos de control. Queda por conocer cuál será la hoja de ruta del nuevo presidente, qué cambios en la estrategia comercial y de transición energética se anunciarán y cómo responderán los mercados financieros a la nueva configuración del gobierno corporativo de la petrolera.
En las próximas semanas se esperan comunicaciones oficiales de Ecopetrol sobre la composición de su junta y sobre el plan de trabajo del nuevo presidente. El mercado, los analistas energéticos y los organismos de transparencia estarán atentos a los primeros movimientos de Gutiérrez para evaluar la profundidad del giro que el Gobierno pretende imprimirle a la empresa.
