Voceros del Centro Democrático afirman que un grupo que respalda al presidente Abelardo de la Espriella trabaja para dejarlos por fuera del mapa político. La denuncia fue puesta sobre la mesa en medio del debate interno por la conducción del sector de derecha en el país.
El uribismo, como se conoce al movimiento fundado en torno al exprimer presidente Álvaro Uribe, conserva una estructura partidista con representación en el Congreso y en varias regiones. Esa organización, sin embargo, ha convivido en los últimos años con liderazgos individuales que compiten por el mismo electorado.
En el Centro Democrático interpretan la situación como un intento de reemplazarlos dentro de la base que respaldó a De la Espriella. Las voces consultadas por La Mesa Redonda describen la estrategia como una operación para reducir su margen de maniobra frente a la opinión pública.
Para los afectados, lo que está en juego es el lugar que el uribismo ha ocupado desde su creación como partido. Alegan que han sido la cara más visible de la derecha colombiana durante más de una década y que esa construcción no puede ser desconocida por actores recién llegados al escenario.
En la otra orilla, los seguidores de De la Espriella defienden su derecho a consolidar un movimiento propio. Consideran que el respaldo ciudadano conseguido por el presidente legitima un reordenamiento de la derecha sin tutelajes de las estructuras previas.
La discusión ocurre cuando la coalición de gobierno enfrenta el reto de mantener la cohesión. Sectores del empresariado y de las fuerzas armadas han expresado en otras oportunidades su interés en que la derecha conserve un solo interlocutor, lo que hace más sensible la actual pulseada.
En el terreno electoral, la pelea por la hegemonía de la derecha tiene efectos sobre la asignación de avales, la conformación de listas y la negociación de alianzas con partidos independientes. Cualquier fractura puede traducirse en disputas en alcaldías, gobernaciones y corporaciones públicas.
El episodio deja en evidencia que la relación entre el uribismo y el gobierno de De la Espriella dista de estar consolidada. Lo que se presenta como una diferencia entre aliados termina siendo una pugna abierta por el control del relato y de la vocería del bloque conservador.
Por ahora, no se conoce una declaración oficial del presidente sobre las acusaciones del Centro Democrático. Queda por verse si el gobierno convocará un espacio de conciliación interna o si permitirá que la disputa se resuelva en la arena pública durante las próximas semanas.
