La revista CAMBIO Colombia publicó un perfil en el que repasa la faceta de Abelardo de la Espriella como "gestor de Paz", una figura que lo ha acompañado a lo largo de su carrera política y que, según la publicación, se remonta a los diálogos que dieron lugar a los acuerdos de Ralito, firmados en 2003 entre el gobierno de Álvaro Uribe y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
En ese proceso, De la Espriella actuó como uno de los facilitadores en las mesas de negociación con el paramilitarismo. Su participación en Ralito le permitió ganar reconocimiento en los círculos de negociación del conflicto armado colombiano, un campo en el que pocos abogados y políticos incursionan con continuidad.
Tras la desmovilización de las AUC, el ahora presidente mantuvo su interés en los procesos de paz. Participó como observador y facilitador en acercamientos posteriores, aunque su perfil quedó más visible en la arena judicial como abogado penalista, según recuerda CAMBIO.
La llegada de De la Espriella a la Casa de Nariño tras las elecciones de 2026 marcó un giro en su trayectoria. Pasó de actuar en procesos puntuales de diálogo, generalmente como tercero o mediador, a ocupar el despacho desde el cual se diseñan las políticas de paz del Estado colombiano.
Desde el inicio de su gobierno, la oficina del Alto Comisionado para la Paz ha quedado bajo control directo de la Presidencia. El nuevo mandatario ha reiterado su voluntad de mantener canales de comunicación con las estructuras armadas que aún operan en el país, aunque los detalles de esa estrategia no se han hecho públicos.
Para los analistas consultados por CAMBIO, el hecho de que un ex facilitador de Ralito asuma la primera magistratura introduce un elemento inédito en la política de paz colombiana. Hasta ahora, ningún presidente en ejercicio había construido su carrera política sobre una base tan directa de mediación con actores armados.
La revista también señala que sectores de víctimas y organizaciones de derechos humanos han expresado dudas sobre la idoneidad de un ex facilitador de procesos paramilitares para encabezar la política de paz. Otros actores, en cambio, valoran la experiencia acumulada del mandatario en mesas de diálogo.
Queda por verse cómo se traducirá esa experiencia en decisiones concretas del nuevo gobierno. La continuidad o el cierre de los diálogos con el ELN, el estado de las negociaciones con las disidencias de las FARC y el tratamiento de las organizaciones criminales serán las primeras pruebas de la gestión presidencial en esta materia.
Según CAMBIO, el perfil de De la Espriella como gestor de paz es una de las cartas de presentación más fuertes de su gobierno, pero también uno de los capítulos más debatidos por quienes recuerdan su paso por Ralito y sus consecuencias para el país.
