En una intervención radial en La FM, un economista analizó las opciones con las que cuenta Colombia para hacer frente al déficit fiscal en el inicio del gobierno de Abelardo de la Espriella. La conversación se centró en qué herramientas de política económica quedan disponibles tras el cierre financiero del periodo anterior y cuáles tendría que activar la nueva administración.
El déficit fiscal es la diferencia entre los ingresos que recauda el Estado y los gastos en que incurre durante un año. Cuando esa brecha se amplía, el Gobierno debe financiarla con deuda interna o externa, o con medidas que ajusten alguno de los dos lados de la ecuación. En Colombia, este indicador ha sido seguido de cerca por mercados, calificadoras de riesgo y organismos multilaterales.
Según la explicación recogida por La FM, una de las rutas pasa por el lado de los ingresos. Esto incluye mejorar la gestión de recaudo de la Dian, reducir la evasión y la elusión, y revisar los beneficios tributarios vigentes. El economista señaló que ampliar la base de contribuyentes suele ser más sostenible que subir las tarifas de los impuestos existentes.
Otra vía mencionada es la contención del gasto público. El experto habló de priorizar la inversión frente al funcionamiento, revisar programas que no muestren resultados claros y aplicar recortes selectivos en entidades del orden nacional. También puso sobre la mesa la necesidad de avanzar en una reforma al sistema de pensiones, un tema pendiente desde gobiernos anteriores.
El entrevistado también se refirió a la financiación del déficit. Explicó que emitir deuda interna en Tesorería ha sido el mecanismo habitual, pero recordó que esa opción tiene límites cuando los mercados demandan tasas más altas por percibir mayor riesgo. En ese escenario, el acceso a líneas de crédito de bancos multilaterales aparece como una alternativa, aunque condicionada a metas de ajuste.
Sobre el impacto en los ciudadanos, la discusión puso el foco en dos frentes. Por un lado, una eventual reforma tributaria afectaría a hogares y empresas según la estructura de la nueva tarifa y los sectores gravados. Por el otro, un ajuste del gasto puede traducirse en menor inversión en regiones, cambios en programas sociales o demoras en proyectos de infraestructura.
El análisis también mencionó las señales que observan los inversionistas. Las calificadoras de riesgo suelen revisar la nota soberana de Colombia con base en la trayectoria del déficit, el nivel de deuda y la coherencia del marco fiscal. Una estrategia creíble de reducción del desequilibrio tiende a traducirse en menor costo de financiamiento para el Estado y, por esa vía, en menores presiones sobre el presupuesto nacional.
Como quedó planteado en La FM, el Gobierno entrante enfrenta el dilema clásico de la política económica: cuánta disciplina fiscal aplicar sin frenar la recuperación ni deteriorar la cobertura social. La magnitud del ajuste, el ritmo con el que se implemente y los sectores que terminen asumiendo el costo serán las decisiones que marcarán la diferencia, según el economista consultado.
Queda por ver si el equipo económico de De la Espriella adopta alguna de las rutas sugeridas o si propone una combinación distinta. Las primeras señales llegarían con el marco fiscal de mediano plazo y con el proyecto de ley de presupuesto que se presenta ante el Congreso en los primeros meses de mandato.
